Imagen: Menchi Arbego
Se entrenaban para morir, convencidos de que era la mejor manera de estar capacitados cuando la vida les negara la existencia.
Cada día, comían menos, bebían menos, dormían menos…
Vestidos con sudarios blancos, se acostaron boca arriba en el interior de los ataúdes forrados de terciopelo negro, instalados en el camposanto.
Cerraron los ojos, inspiraron profundamente, e ignoraron la existencia del aire hasta que, lívidos, sintieron que no estaban entrenados para la vi
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