Se sentó deseosa de refrescarse, el día se presentaba bastante caluroso, Sevilla ardía. Desde la Campana, su heladería preferida, había un paso hasta su apartamento, tenía suerte de vivir en aquella calle.
Tan abstraída saboreaba la Stracciatella que ni cuenta se dio que era observaba con verdadero interés, la devoraba sin recato alguno, al pasar por su lado solo se escuchó un susurro: te comería toda mí loba y un escalofrío recorrió su espalda.
Aún no había entrado en la ducha cuando llama
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