Observando la pobreza tras adalides mintiendo, oliendo pérdidas, sumando apatía y desolación, sintiendo que cada día nos aísla más el temor y secando torrentes que lloro de neta impotencia: te evoco, te busco, te imano, te siento, te quiero.
Tu entidad me amplía, tu mirar me inspira, tu querer me alcanza… ¡solo tú me calmas! Y, sin que te enteres, mi pecho te arrulla cuando también tú a mí me quieres -¡sí!- para paliar tus vacíos y consolar el alma.
Es que… sin dotarnos de nada asombroso este
All rights reserved