Que sería lo que esperaba aquella mañana… sol, aire y frío, delicia invernal que inspiraba mi mente. Le vi respirar, y comencé a soñar, ojala fuese mío, quizás en otro lugar. Y caía el atardecer, el color violeta se sentía en el horizonte y él seguía en mi mente, y a mis sueños llegaba de repente, imponente, sonriente… Y entonces yo me abría, en mis sueños, a sus caricias, suaves y esponjosas
All rights reserved