– Viento de seis nudos. Del este. Fritz me informaba cada cinco minutos, sin apartar los ojos del visor telemétrico. – ¡Espera! – exclamaba – Ahora son ocho nudos. Mientras, yo encaraba mi Mauser 98, o como lo llaman los alemanes, Gewehr 98, al que había acoplado – de manera muy tosca, he de decirlo …
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