La Saeta que Refulge
Cardumen de nubes,
detengámonos un poco, estoy cansado,
y tu sangras demasiado,
y escupes.
Son tus hálitos de vida,
que como dardos,
mi ansiedad exacerban, de bruces.
Teníamos que huir de la ira,
de los santos,
del convento, de las cruces;
este amor prohibido, sin ida,
nos obsequió la muerte,
y nos cegaron las luces.
Esta errática huída,
entre las ruinas de sus mentes,
clavaron la saeta que refulge;
te mueres en mis brazos,
y sonriendo inerte,
tus hábitos manchados,
se fr
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