Parecía un día cualquiera más en el dietario de Bridget. La agenda marcaba otra rutina autómata de quien no sabe vivir sin reglas. De quien no sabe dar un paso si no está apuntado en una lista. A quien los días no pertenecen y son calcos idénticos los unos de los otros. A quien la vida pasa fuera ajena y, adentro, solo es existencia muerta.
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