Viajé a un país de seres sobrehumanos,
portentos, eruditos, todos ellos en pos de algo,
en tensión hacia ello, día y noche, noche y día.
En aquellas ciudades no se detenía el sol en una rosa,
no se mezclaba el viento con los pensamientos.
Todo era muy muy rápido.
Luego agobiado emprendí el camino hacia el horizonte,
y llegué a un país lleno de personas silenciosas,
que esperaban sin cansarse, día y noche, noche y día,
nada les vencía, ni las horas, ni los días.
Pasaban los años allí y todo er
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