Ni princesa, ni nena, ni cariño, ni cielo, ni vida. Llámame tu vicio. Tus ganas. El mejor sexo de tu vida. La sangre, las vísceras, la piel ajada de una batalla a muerte. Asaltar un banco y salir airoso.
Llámame adrenalina.
No me digas guapa; dime lo fea que estoy cuando lloro, pero cúrame a besos. No me llames premio, llámame castigo; como cuando tus padres te encerraban en tu cuarto por no compartir con tu hermano y te dejaban solo y rodeado de juguetes.
Como esa clase de castigos que crean
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