Año 1480. Oishi, un Ronin todavía joven, camina por el bosque. Una docena de bandoleros lo rodean. Acuden a su ayuda Tomimori y Kira, dos ronin. Los bandoleros huyen. Oishi les dice que es un alma errante que ha perdido las ganas de vivir porque el líder de su clan lo ha desterrado porque se acostó con Aiko, su hija, a la que iba a casar con la hija del líder de un clan rival, y así poner fin a una prolongada guerra que duraba casi diez años. Al ya no ser virgen, el jefe rival renunció a casarse con ella y prosiguió la guerra. A ella le enviaron a un monasterio-fortaleza para mujeres. Tomimori y Kira le convencen para ir a recuperar a su amada. Camino del monasterio-fortaleza, Tomimori y Kira cuentan que ellos también son ronin porque no pudieron evitar que un clan rival matara al hijo del jefe de su clan, cuya custodia se les había otorgado.
Los tres ronin llegan al monasterio-fortaleza. Se trata de una fortaleza habitada sólo por mujeres. Los tres piden que liberen a Aiko. Las guerreras se niegan. Amanece. Se abre la puerta y salen seis guerreras blandiendo estacas de bambú de 2 metros de longitud. Las guerreras vencen. Les acompañan hasta los alrededores y les dejan irse. Entonces, Kira se suelta la coleta, descubriendo que es una joven. Kira viajaba con su padre en un carromato cuando unos ladrones les asaltaron. Mataron a su padre e iban a violarla a ella cuando apareció Tomimori y mató a los ladrones.
Kira se presenta en el monasterio-fortaleza. Las monjas-guerras la acogen, le dan de comer y le ofrecen una habitación. De madrugada Kira y Aiko se escapan. Aiko lleva consigo la estaca de bambú. Kira y Oishi se funden en un fuerte abrazo cuando se reencuentran. Mientras caminan ven cómo sale humo a lo lejos. Van hacia allí. Descubren un pequeño poblado que ha sido saqueado. Los habitantes les explican que, los sicarios del jefe del clan que los explota les han saqueado porque no les han dado la cantidad de grano que habían acordado, a cambio de garantizar su seguridad. Oishi, Tomimori, Kira y Aiko asisten a una reunión de los campesinos para decidir su futuro. Se produce la votación. Ganan los partidarios del enfrentamiento.
Durante las semanas siguientes, los cuatro ronin adiestran a los campesinos que han permanecido en el pueblo. Son días felices para todos; sobre todo para los cuatro ronin, los cuales se sienten en el pueblo como en su casa y estrechan vínculos con los campesinos y, sobre todo, con los niños del pueblo.
Llega el día señalado. Una veintena de sicarios del jefe del clan llegan al pueblo. En mitad de la única calle del pueblo les esperan tres carros supuestamente cargados de cereales, que están cubiertos por una lona. Los sicarios abren las lonas y las encuentran vacías. Entonces, los habitantes del pueblo asoman por las azoteas, las ventanas y los callejones armados con arcos y flechas, y espadas. A una señal de Oishi, todos cargan contra los sicarios, los cuatro ronin incluidos. Aquellos se defienden como buenamente pueden pero al final deciden huir en desbandada. Esa noche, los campesinos y los ronin se emborrachan celebrando la victoria.
Pasan los días y el pueblo está en calma. Los cuatro ronin siguen entrenando a los campesinos, que dedican la mayor parte del tiempo a sus cosechas. Los cuatro ronin fundan una escuela donde se instruye a los niños en los valores de los samuráis, entre otras materias. Son días felices para los cuatro ronin.
Un día llega un forastero muy alterado. Ha oído que “Los Legendarios” se dirigen hacia el pueblo para arrasarlo por completo. Se trata de doce mercenarios, todos antiguos samuráis, los mejores de Japón, que se han unido para formar un pelotón de castigo a cambio de una importante suma de dinero, sin importar quién sea su enemigo. Todavía no conocen la derrota.
Los del pueblo se reúnen y deciden plantarles cara. Los cuatro ronin les entrenan especialmente para la ocasión. La noche anterior a la llegada de los Legendarios, los cuatro ronin abandonan secretamente el pueblo y acuden dónde éstos se encuentran, ya que no quiere que muera gente inocente. Se produce un cruenta batalla en la que los cuatro ronin, pese a luchar de forma admirable, están siendo acorralados por los Legendarios. Poco antes de ser derrotados por completo, una lluvia de flechas cae sobre los Legendarios. Los que no mueren son asesinados por varias docenas de guerreros, cuyo jefe es el padre de Aiko. Éste le pide perdón a su hija y a Oishi por haberles desterrado, y les permite regresar a casa. También se lo pide a Tomimori y a Kira, pero ambos rechazan el ofrecimiento ya que su hogar está en esa aldea. Las dos parejas se separan pero prometen volverse a ver.
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