En mi casa espantan. Así empiezan la mayoría de las historias de hechos sobrenaturales, las cuales nunca creí hasta que me tocó vivir una. Soy ateo desde el día que abandoné el nido paterno. De hecho, lo fui desde mucho antes, pero no podía declararlo abiertamente, pues mis padres, fervientes católicos, no lo hubieran tolerado. De hecho, nunca me sentí del todo cómodo con mi ideología sabiendo que mis progenitores la desaprobaban, y no fue sino hasta la muerte de éstos (la de mi padre hace cinco
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