Ella estaba casi acostada en su cómodo asiento elaborado con material suave, tan suave como las plumas de sus alas negras.
Los tres esclavos fueron empujados por los guardias del vampiro obligándolo a tirarse al piso arrodillado frente a esa mujer; dos luciendo sucios y malolientes, aunque con buenos cuerpos. Luigi estaba demasiado limpio para parecer un esclavo, su piel blanca y sin imperfecciones le pareció delicada. Ella medio cerró los ojos buscando algo diferente en él, y sí, había mucha diferencia, empezando por su belleza única, su estatura; era demasiado grande para ser humano.
Luigi también miraba que ella posee un cabello negro muy largo y brilloso, que resaltaba sus ojos grises como un día sin sol, y su piel parecía bronceada dándole un aire controlador que no iba a juego con ese rostro tan hermoso y angelical. Su cuerpo era cubierto por un vestido de seda largo tan largo que se arrastraba, al igual que la túnica negra con bordado color oro, haciendo el juego con los brazaletes de sus brazos y la enorme corona que llevaba puesta en su cabeza. A diferencia de sus esclavas no mostraba ninguna parte de su cuerpo y eso la hacía lucir más provocativa y seductora porque hacía querer descubrir qué se escondía debajo de tanta tela de jerarquía.
«No posee ningún poder» pensó para sí misma olfateando su esencia, y en medio de su escudriñamiento lo vio observarla a los ojos.
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