La sensación de descubrir por primera vez el monasterio de Santa María La Real de Oubona, en Tinéu, es de asombro por el lamentable estado en que se encuentra y, al mismo tiempo, de plenitud, porque, aun así, es un lugar de una belleza tremenda, que transmite una paz difícil de explicar. Yo descubrí este cenobio gracias al pintor y escultor Manolo Linares, defensor apasionado de la cultura popular, de nuestras raíces y de la historia en piedra que se nos va cayendo a pedazos por algunos lugares
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