Tanto ir y venir, tantas horas compartidas entre
aquellas cuatro paredes, era lógico, casi inevitable
que llegaran a entablar amistad.
Él, un erudito de las leyes, don de gentes y positividad,
todo un Coaching, ella, ella era una muchacha corriente,
casi invisible, podía pasar desapercibida por su timidez,
pero se atraían, fluía la buena energía entre ellos.
Y como si se conociesen desde siempre, aquélla
madrugada comenzó una amistad que perduraría en el
tiempo. Y se fueron conociendo.
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