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2402106890826
Una buena idea
02/10/2024
Tío Apolonio
http://valentina-lujan.es/alicia/unabuenaid.pdf para abrir un diálogo que, sí, se abrió pero no prosperó; y no prosperó precisamente por su causa y por la actitud que ella adoptó cuando, a la mañana siguiente, me la encontré calzada no con los zapatos de medio tacón que utilizaba para andar por casa y el vestido de viscosa negro con florecillas blancas sino con tacones más altos (no de aguja, claro, la señora de Ramírez padre ya tenía sus años y, eso ya lo dije, era una mujer no diré de “severo continente”, que parece anticuado, pero sí de talante más bien sobrio) y un traje chaqueta sastre que le daba un cierto aire a lo Marlene Dietrich . Me saludó con mucha sequedad y excusándose “perdone que no me quede, pero mi avión sale en cosa de dos horas y, con tanto tiempo como se pierde ahora, con tantas medidas de seguridad, en los aeropuertos y, para colmo, lo nerviosa que yo me pongo tan poquísima costumbre como tengo de viajar…” – Pero… — exclamé, sorprendido —, ¿es que se marcha? – Bueno… Usted comprenderá mejor que nadie que no hago ya aquí falta ninguna. – ¿Que no hace falta aquí? – Pues claro que no — se dio media vuelta y desapareció pasillo adelante para reaparecer poco después tirando de una de esas maletas de ruedas. Se paró junto a mí e inquirió — ¿O me va usted a decir que tengo ya algo que hacer en esta casa? – Pues lo mismo que ha hecho siempre, supongo — repuse; y enumeré —: ver crecer sanos y contentos a sus nietos, disfrutar del cariño de sus hijos, cuidar de su esposo… No se me ocurrían, a ser sincero, muchas más cosas; pero por fortuna ella me interrumpió con cierta vehemencia. – Mis nietos ya están medio encarrilados y tienen unos padres magníficos, aunque, el pequeño, aun tan niño… Y con el mayor nunca he terminado, no sé por qué, de entenderme; y, mis hijos, pues… — suspiró, como quien no sabe mucho qué decir —. Mis hijos — abrió el bolso y revisó su contenido, como para cerciorarse de no estar olvidando nada, luego lo volvió a cerrar después de haber leído atentamente su billete y, como si en su inspección hubiese también encontrado las palabras que instantes antes le faltaran agregó —: las parejas jóvenes necesitan estar solas, el uno con el otro y a su aire y sin testigos ni de sus arrumacos ni de las pequeñas tiranteces que como es natural se dan en todas las convivencias y, con viejos de por medio… – Puestos a ver las cosas así — aduje — mejor estarán con usted que sólo con su esposo… ¿Quién lo atenderá si usted se marcha? – No sé quién lo atenderá — contestó —, ni lo sabría aunque no me marchase. Pero tampoco creo que tenga que atenderlo nadie; está que se traga el mundo… – Sí, claro, es natural que esté pletórico. Haber recobrado el habla, así, tan sin… Hasta que se haga a la idea y lo viva con normalidad estará como sorprendido, excitado… – Está como una moto. – ¿Tanto? – Esta mañana se levantó temprano y se marchó a correr. Cuando regresó no quiso el Cola Cao con galletas que le preparaba yo todos los días sino, él mismo se los preparó cantando a voz en cuello “cocinero, cocinero”, un par de huevos fritos con tocino. Y luego se marchó a comprarse una bicicleta. – ¡Pero si sólo había recuperado el habla! – “Recuperado” — replicó en tono sarcástico —; usted sabe mejor que nadie que él era mudo de nacimiento. Y, le diré; usted era el responsable. – ¿Yo? – ¿No era él su obra? — Fue su respuesta. – ¿Mi obra? – Su amigo se lo dijo, y usted... ... Que sería todo lo Mata Hari que todo el mundo quiera, pero nunca tuvo un aspecto (para mi gusto al menos) juvenil del todo. la señora de Ramírez, pese a no ser muy instruida, decía “aeropuerto” y no “areopuerto”; tampoco la oí jamás decir “cocretas”. Porque hace mucho que quedamos, si no estoy equivocado y no pudiendo (como no puedo) consultar ya los papeles, en que podía llamarla Sonia. Que se deja llevar, casi como una niña, sin ofrecer resistencia. Si soy capaz de saber cómo y nunca, en cualquier caso, antes de haber revisado y corregido ciertas incongruencias que he cometido con la utilización de los tiempos verbales que dice Sonia (o dijo) — cuando sale (o salió) de dejar a su suegra en la habitación — que he mezclado (o que mezclé) sin criterio ninguno el pasado y el presente.
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2402096886250
La vecina de al lado
02/09/2024
Don Carmelo
https://valentina-lujan.es/versaciones/lavecinadeal.pdf de un hombre que todos, incluso yo, habríamos de, en un lejano futuro — como muy bien advirtiese una hermana de Sonia que estaba casualmente de visita — recordar haber, en un no menos remoto pasado, conocido y si es (o “fuese”, quiero precisar, dijo, y que para no adelantar acontecimientos) que pueda o pudiese denominarse “conocer” no saber de él mas que su nombre y su aspecto que, por otra parte, no tendría necesariamente que ser el mismo con el que lo hubiéramos visto por primera vez y recordado, ahora, de lejos y casi ya tan a la caída de la tarde prácticamente a oscuras y con los ojos tan cansados, aunque su vestimenta (algo más raída) y su sombrero (bastante más deteriorado) pudieran ser también como quien dice los mismos, sentado en la tercera fila de un anfiteatro junto a un ventilador, a su mano derecha, y la descalzadora de la bisabuela Nucia a la izquierda, en los albores de un amanecer que prometiese una radiante y luminosa mañana de primavera. – Yo podría recordar a alguien así — dijo la ex señora de Ramírez (madre), que estaba de paso sólo para recoger sus cosas —, pero en algo parecido a un salón de sesiones, sin sombrero y con un traje de Valentino que parecía recién comprado. – Pues, yo también — la fisioterapeuta que, ignorante de todas las novedades habidas en el cuartito de estar (cortinas de cretona floreadas cuarto piso interior sin ascensor) de lo que quedaba de los Ramírez, se había presentado, tan profesional, a desempeñar su trabajo —, y sentado, sí, pero en batín de seda con borlas y entre una mujer corpulenta de la segunda fila y un suazi propietario de una plantación de azúcar en Eswatini. – Yo, sin embargo — el caballero barbilampiño que había venido, exprofeso, a devolver a Sonia los zapatos de tacón color pistacho —, también; pero de pie, de pie y entre la cocinera de un tal don Atiliano y un sujeto al que, a decir verdad, no presté mucha atención porque se trataba, según creo recordar, de un personaje secundar… – ¡Perdón! — en tono de súbito vehemente y alzando la mano, la hermana de Sonia para, acto seguido y por lo bajo, en tono como ausente y sólo para sí —, perdón, perdón, perdón, un moment…, un momentito, un mom… — revisando, a golpecitos del bolígrafo que sostenía entre sus dedos, sus papeles. – Porque, vamos a ver — expuso, tras un suspiro que parecía de alivio; y, apuntando con el susodicho boli a la llamémosle por abreviar y sin entrar en más pormenores señora de Ramírez a secas (madre, siempre, eso sí) —: La señora ha dicho que podría recordar… ¿No es cierto? – Cierto —, asintió la interpelada. – Aquí la señorita — por la psicoterapeuta —, no tengo más remedio que felicitarla, y la felicito, que no ha mencionado recordar para nada; si bien, y en estricta puridad, invitaría a albergar ciertas reservas porque, reconózcalo mi querida jovencita, para eso de Eswatini hay que tener una memoria pero que muy que muy… Y que pero bueno, en fin para, y por último, al barbilampiño: – En cuanto a usted, cabal… — se paró y carraspeó — cabalmente, según ha dicho, entre la cocinera de un tal don bueno qué más da y, creo recordar, ha dicho, ¿verdad?, un personaje secundario. – Así es — adivinamos, por el movimiento de cabeza, que los labios no los despegó. – Lo cree, pero no lo asegura; si estoy entendiendo bien. Nuevos cabeceos. Y ella, la hermana, a todos, puesta en pie: – Voy a dar por buena y poner el okey a la inspección porque la señora (por Celedonia) podría recordar, sí, pero ha salido airosa por los pelos. » La señorita (por la psicoterapeuta) lo ha esquivado con envidiable habilidad, si bien ese swatinosecuántitos, pues… » Y, usted (por el barbilampiño), pues que también como que por los pelos porque ha estado en un tris de caer; pero cómo nada más lo cree, pues, también pues… Y, a todos, en tono admonitorio pero amable, que tuviéramos presente, son órdenes de arriba, aquí les dejo una copia, que habríamos de recordar, sí, pero, y aquí lo pone bien clarito; si quieren se lo subrayo, en un futuro lejano, lejano y, nunca, bajo ningún concepto y pasara lo que pasase, antes. Así que, y que por favor, por último y como última recomendación, que esa era la hoja de ruta y ella la encargada de velar que no se incumpliese y, es más, dijo, obligada por contrato firmado ante notario a imponer sanción reglamentaria a todo aquel que recordara antes de tiempo. Luego, más relajados todos, tomamos un té con pastas y ellas, las hermanas, charlaron (a veces alegremente, a veces con nostalgia) de su infancia, de su adolescencia y de… tantas cosas, ¿verdad?, entre risas y lágrimas. Versaciones
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2402086877015
Si lográbamos dar esquinazo
02/08/2024
Doña Plácida
https://valentina-lujan.es/alicia/silograb.pdf a esta buena señora tan cargante y convencer a Ifigenía, una prima lejana de una de las hijas de la cuñada de la de Zabala ― que tenía más, porque se había casado varías veces, pero prima lejana de Ifigenia nada más que una ―, de que aprendiera a montar a caballo o vestirse por lo menos y aunque nada más fuera en plan de atrezo de amazona, no “tendríamos, en evitación de claustrofobias o de vértigos ― consideró Germán Mancuerna, el propietario de la tienda de ultramarinos de dos calles más arriba y de una inteligencia ponderada, aunque bastante a ojo, por debajo de la media del conjunto disjunto resultante de la intersección de las que se juntaban alrededor de la mesa del bar de Ambrosio en la sobremesa jugando al tute con carajillos o cafés y al lado de la máquina de café, sólo, sin carajillo, a la hora del desayuno, de la oficina de patentes y marcas de clase que representan (aunque eso no hacía falta ni decirlo porque lo sabía todo el mundo y hasta la mismísima señorita lo daba por sentado) a todo el intervalo para el cálculo de algunos parámetros como la media aritmética o la desviación típica de las inclinaciones o tendencias más estrafalarias o irrisorias que pudieran darse entre su distinguida clientela —, que bajar al trasterillo sin ventanas ni subir las escaleras sin barandilla que”, dijo, estaban. Y la de Brumoso se mostró de acuerdo en ese particular en concreto, aunque no por eso dejó de protestar lo suyo y un poco de suelto que le prestó la de Cosculluelo porque “con tanta cháchara, yo te había pedido redondo de ternera y me has puesto solomillo que” dijo, y en eso tenía razón, es más jugoso sí pero también bastante más caro. Y que estuviese más atento a lo que estaba y, a la de Cosculluelo, que muchas gracias y que se lo devolvía mañana. Versaciones
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2402086872768
Que ya veremos si va a resultar o no
02/08/2024
Olegario
http://valentina-lujan.es/alicia/queloescribia.pdf Que lo escribí así, en rojo, adrede, para al manejar los papeles recordar, incluso aunque hubiera pasado mucho tiempo y ya todo fuese diferente y nada importase, que yo, alguna vez, y sin poder quizás saber localizar un cómo ni un cuándo ni un porqué, albergué la sospecha de que, a pesar de todos mis desvelos, pudiera en verdad no resultar y, en consecuencia, tener que olvidarme no sólo de Sonia y de todos cuantos configuraban su entorno familiar ― o incluso afectivo, porque aunque ya se sabe que no es la familia el ámbito ideal para el forjado de sentimientos no enturbiados por rencores e inquinas, se sabe también que es muy difícil separar el amor del odio sin que, y lo escribo en cursiva porque la frase no es mía sino, y aunque pueda resultar increíble, de mi madre, el uno se lleve adheridos girones del otro ― sino de una etapa de una vida, la mía, que a saber a quién se debiese, ni dónde encontrarlo, ni a quién acudir en demanda de ayuda que me llevase hasta ese “alguien” y, allí, frente a frente, investidos ambos de la misma (o distinta, si es cierto que ni el mismo Dios puede crear lo idéntico) consistencia o inconsistencia que deparase nuestros destinos o nuestros destinos deparasen, pedirle cuentas. Pero mi amigo, puede que por ese instinto de supervivencia que anima mueve a todos los seres animados, se escandalizó, o lo echó a broma, y con una de esas sonrisas forzadas en las que hasta el más torpe sabe ver el pánico, dijo “no te vengas abajo, a estas alturas”. Y, pero sólo porque me dio lástima, opté por no meterme en indagaciones que miedo me daba el siquiera pensar adónde pudieran llevarme; y por seguir con Sonia y con los suyos aun a sabiendas de que antes o después sus hijos crecerían y… ¿sabría yo sacar adelante a un par de adolescentes que, por bien que se dieran las cosas, sus más y sus menos y sus problemas tendrían? Y si no los tenían aún peor; que en quién fijarse como modelo, creíble, consistente, sin fisuras, de adolescente sin problemas… Estuve toda la noche dando vueltas al asunto; pero nadie se me vino a la cabeza y, por si no me sentía bastante acorralado, ni pensar por supuesto en Ramírez, me dije, mientras desayunaba desolado un café con una magdalena en la cocina. Versaciones
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2402066859680
No sé si seguiremos
02/06/2024
Abeja
https://valentina-lujan.es/E/elpreguntara.pdf Él preguntará, muy extrañado cuando lo lea, que por qué; y yo, tratando de esquivar su mirada, responderé en plan evasivo y haciéndome un poquito el mártir, el muy desgraciado y desvalido, que no sé. – ¿Cómo que no sabes? – dirá. – No – diré, como no queriendo hablar más del asunto –; no lo sé. – A ti te pasa algo – dirá él entonces, al verme tan alicaído y ojibajo. – No; no me pasa nada – insistiré. Él entonces insistirá con “vamos, déjate de tonterías; sé perfectamente que algo te pasa”. Yo le contestaré, aprovechando la coyuntura, no que preferiría que me dijera lo del ponche calentito y la aspirina y colgase “porque, perdona, pero hoy no tengo ganas de hablar” – porque la mía, por lo menos, no es de las que dicen tan fácilmente “bueno, pues que te mejores” y adiós sino de las que se enrollan y me acabaría desconcentrando, ahora que ya parece que me empiezo a organizar – sino que, si tanto insiste “y tan interesado estás, ¿Te será tan difícil, llegados a este punto y tan bien que va, tirarme con habilidad de la lengua para que yo, que soy quien tiene los recursos porque para eso soy ahora el escritor, te dé una pista por lo menos de por qué estoy deprimido y pueda gracias a tus acertadas conjeturas emborronar unos poquitos folios más?”. – “¡Emborronar!”… ¿Ves como es verdad que estás deprimido? – exclamará. Y, para animarme – porque es “un amigo” –, querrá apartar de mi ánimo atribulado los sombríos pensamientos que me tienen afligido echando mano, seguro, del asunto aquel tan divertido (entendí) de la muy buena noticia que tenía que darle. – ¿Una noticia? – preguntaré yo con extrañeza – Una noticia, si – responderá. – ¿Buena? – recabaré. – Buena – repetirá. Yo diré – encogiéndome de hombros – que no sé, pero que no recuerdo nada de ninguna noticia buena. Él pondrá el grito en el cielo enteramente asombrado de que se me haya podido olvidar “algo que, y mira que te lo puse en bandeja con lo de la novia y tal” y, exclamando “¡hombre, por Dios, pero si se trataba nada menos que de algo tan… !”, me lo contará y, así, sin sentir como quien dice, tendré unos poquitos folios más que emborronar… ¡Hala; ya está! Versaciones
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2402066858850
Sin acertar, por cierto
02/06/2024
La Vda. de Alcudia
https://valentina-lujan.es/alicia/ydeunhumor.pdf y de un humor horrible, a reconocer ni la estancia que debería serle tan familiar como la palma de su mano o como el par de adorables querubines a los que miró con extrañeza preguntado, dejándose caer sobre una silla, “¿y estos niños quiénes son?” para añadir, sin aguardar respuesta, que qué vida tan aperreada le había tocado vivir, y que si no había en aquella casa un poco de café, y “¡que harta estoy!” y, a mí, que ya me podía ir largando porque detestaba, aborrecía, le daban cien patadas los tipos como yo… Ah… ¡Y que eso del par de adorables querubines ― “entérese cantamañanas cursi del carajo”, grito ― y una mierda… “¡Pero, hombre, por favor!”. Y que qué se habría creído este imbécil; es decir: yo.  Que habría sido una forma no menos airosa que cualquier otra de terminar pero yo, que siempre he sido un imbécil ― en eso ella tenía toda la razón de este mundo aunque en otras muchas pudiera estar equivocada o por lo menos no poco confusa por culpa, entendí , del conflicto emocional en que se hallaba sumida por causa de la tormentosa e ilícita relación que mantenía con aquel tipo maduro del traje azul, tan bien plantado ― me quedé ahí, allí, con cara de tonto delante de la puerta cerrada de un golpe y la garganta seca frente a él, mi amigo, que como ve que lo miro con cara de decir (escribir) que me mira con cara de no comprender, reacciona de inmediato con un seco “¡eso lo dirás!”, que en un principio me parece bien pero que ya veremos si va a resultar o no ... muy mal, por cierto. Sólo en el caso, vaya ello por delante, de que me sienta yo con ánimos de encarar más broncas; que me parece a mí que no. Pero me lo apunto por si acaso. Versaciones
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2402066858379
Unas latas de judías con chorizo
02/06/2024
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/unaslatasde.pdf que envió a comprar la señora de Ramírez (madre) a uno de los chiquillos a la tienda de la esquina, y la madre ― de los chicos, entiéndase, y por tanto señora de Ramírez hijo ― no hiciese su aparición en el hogar hasta bien avanzada ya la tarde sin acertar, por cierto, a ni medio hilvanar dubitativa y balbuciente una explicación a por qué a mí, un perfecto desconocido que ni le había sido presentado, me agarró enérgicamente la mano tan pronto hube cerrado el guion (ver más arriba) y me conminó a un puede llamarme Sonia al que me avine encantado porque, pensé, a la hora de hacer las modificaciones a las que me viese forzado dependiendo del desarrollo o el rumbo que tomasen los acontecimientos, sería más cómodo, antes de pasarlo a limpio y darlo al editor, sustituir Sonia por cualquier otro nombre con tan sólo ir a Inicio y a, en Edición, Reemplazar, y… – Muy bien pensado — la camarera, recogiendo el servicio de la mesa de al lado —; que con un clic lo soluciona y, en cambio, aunque yo no entiendo de esas cosas, reemplazar señora de Ramírez hijo debe de ser bastante más engorroso. Y mi amigo dice que tiene razón, que parece una persona lista y con un sentido deliciosamente práctico de la vida. Pero eso a ella no se lo digo; que luego, si toma confianza, me achicharrará con indicaciones de y por qué no hace usted tales y cuales cambios aquí o allá. Versaciones
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2402046844828
¡Vaya chapuza!
02/04/2024
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/vayachap.pdf – ¿Chapuza? Pregunta Lola, con cara de extrañeza. − ¿A usted no se lo parece? — le pregunto yo. − Bueno, la verdad es que puede que un poquito sí Me he atascado, pero no puedo desechar este archivo porque se pierde el enlace (Continuará) ... Leí, en estas grandes letras rojas. Y ese continuará que se ve entre paréntesis, y ese, escribí, abajo, y ese y que sea lo que Dios quiera, y ese pensé; y pensando, preguntándome sin querer si Dios iría a querer o no querer tomar postura al respecto, pulsé, sin querer, y me enteré de que, al parecer y a desgana, querer quiso, sí, pero sólo un poquito más de lo estrictamente justo y necesario para dar utilidad a unas latas de judías con chorizo y que, en cumplimiento de deber y salvación de quien la tal utilidad les diese, se le dieran, a Él, las gracias. ... Escribí. “Y que sea lo que Dios quiera”, pensé.
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2402046843166
Una tacita de harina
02/04/2024
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/unatacit.pdf que es lo que por tradición ha sido costumbre ancestral que acudan a pedir las vecinas de al lado cuando se ha intuido o tenido sospecha de que se estaba celebrando algo, o se tenía visita o había subido por primera vez a casa el novio de la niña pero que, en este caso concreto, habría resultado bien posiblemente como recurso estilístico y muy mal como argucia porque un servidor, en su humildad, puede sí echar mano de los pertinentes útiles de escritorio y narrar cuanto desfila ante sus ojos o alcanzan a percibir sus oídos, pero no podía — en aquella ocasión en concreto, en que tan atareados andábamos todos con lo de la votación y todo eso — desviar mi atención a cuestiones menores y tan frívolas como el organizar un cumpleaños, o tan molestas como hacer llegar al domicilio alguien interesante o pintoresco que merezca la pena el conocer en unos tiempos en que (aun en su tan harto frecuente pavorosa vulgaridad) todo el mundo es pintoresco, o improvisar un novio para una niña que no teníamos a mano porque, recuérdese, la prole del matrimonio Ramírez se componía de dos varoncitos salvo que hubiese ― pues bien podía ser y que yo lo desconociera por no haber surgido en nuestras conversaciones el mencionarla ― una hermanita que, en todo caso y dado que Sonia era muy joven, estaría siendo demasiado niña para tener novio; y aunque en opinión de mi madre las niñas de ahora son muy precoces, y, aunque cabe la posibilidad de que tenga razón porque aunque sea mi madre a veces la tiene, yo preferí no pensarla siquiera para, así, evitar el tener que crearla o ― si yo elegía encontrarme el trabajo ya hecho ― recabar de los progenitores la información pertinente en momentos en que, como vengo de decir, andábamos tan ocupados todos en organizar la votación y llegar a un acuerdo de si sería secreta o a mano alzada. ..... Sin equipaje y sin previo aviso cuando todo el mundo sabe que sin equipaje nunca se te presentan los familiares de provincias cuando, de sopetón, te los encuentras en el descansillo alegando que han venido a la capital por cuestión de médicos; aunque sí pueden llegar sin previo aviso porque, y eso también lo sabe todo el mundo, “tenemos confianza y además no tienes que molestarte, que nosotros nos arreglamos de cualquier manera” dándote a entender, de forma un tanto críptica, que ya puedes ir buscando unas sábanas que no estén demasiado raídas, y tratando de recordar cómo se abría la cama plegable del salón que cerrada parece un chifonier o — caso de no tener chifonier, porque hay gente con suerte que carece de hermanos y sobrinos y cuñados — ingeniándotelas para ubicar a alguno de tus vástagos en casa de un amigo. Versaciones
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2402046842688
Si soy capaz de saber cómo
02/04/2024
María de los Dolores
https://valentina-lujan.es/alicia/sisoycapazde.pdf Y, si no es capaz, puede contarle a su amigo la bronca que Sonia le echará por la tarde en el museo del Prado, frente a la fragua de Vulcano en concreto, por tener tan poquísimo seso y tan nulo sentido de la responsabilidad, tomando decisiones de tanta importancia y que afectarán de un modo tan esencial a, dirá, “las vidas de todos nosotros” e incluso, abundará, las de personas del todo inocentes que están lejos, tan tranquilas o tirando de sus propios problemas como pueden o como su creador les da a entender, “y no tienen la menor idea ― agregará ― ni de nuestras existencias ni de los líos que nos traemos”. – Con lo sencillo que hubiera sido que usted ― le puede decir usted que le reprochará ella abanicándose con un periódico deportivo, doblado, que llevará bajo el brazo un hombrecillo de mono azul que tomaba un cortado en la barra ― se inventara otro tipo de historia; de otras gentes que no fuésemos ni yo, ni mi marido, ni sus padres ni mis hijos ni nadie de nuestros familiares ni de nuestros conocidos ni de nuestro entorno. Y ahora ― dirá usted que añadirá, mirando, en tono sereno doblando el periódico, cómo el hombrecillo sale por la puerta con su mono ― pretende salir del embrollo en que nos ha metido a todos desviando la atención del lector, confundiéndolo de una forma del todo deshonesta con no sé qué bronca que, entérese, y vaya si es que quiere salvar su obra cambiando de idea, no pienso echarle y, menos aún, aquí, delante de todo el mundo y sola, o, bueno, con usted pero Y ya tendrá usted puesto el “pero” y el “pero” es prueba inequívoca de que a continuación va a venir una argumentación que dé un juego, cuando desde su espalda le llegará la voz de Lola y, como su amigo al oírlo nombrarla parecerá salir de la modorra o desinterés en que lo venía usted viendo sumido, y de nuevo interesado alzará la mano derecha y con el índice marcará en el aire uno de esos puntos indefinidos que indican aquiescencia o que la ocurrencia es estupenda, querrá usted volverse para darle a ella las gracias por su aparición tan oportuna pero ― un “pero” en el que con la euforia de ver a su amigo de nuevo ilusionado no habrá reparado al oírla ― no tendrá tiempo porque ella, una vez encarrilada, rematará su propio “pero” con… Pero va a quedar mejor presentado si lo trascribo exactamente como Lola lo dirá. Es decir, así: − Pero que es peor que sola “porque a ver cómo le explico yo a mi marido, después de haberle dicho que iba al colegio a hablar con el tutor del pequeño ― y usted escriba, dijo Lola que dijo Sonia, dándose media vuelta para pasar a ponerse con la estantería, no se me quede mirando con cara de tonto, que si se lo tengo que repetir no va a salirme igual ―, que he pasado la tarde con usted mirando cuadros”. ─ “Es que lo lógico ― le contestará usted, le dirá Lola, y que perdone que se lo diga… que hay que ver la de polvo que pasando la gamuza por los libros cogen los libros, no sé para qué tiene tantos sin tiempo de leerlos con tanto escribir; perdone que se lo diga, pero usted es muy cartesiano y no tiene apenas imaginación ― cuando se está en un museo es mirar cuadros”. ─ ¿Y qué hay de malo en eso? ― Le dirá a su amigo que le responderá, es decir, le preguntará usted. ─ Pues eso precisamente ― seguirá contándole a su amigo que le habrá contestado Lola ― que cómo no sabemos si ella miente bien o no, lo más conveniente va a ser que tire usted por el camino fácil y diga sencillamente la verdad. ─ Pero es que yo ― le dirá usted a su amigo que le dirá a ella, aunque sabiendo que al decirlo ella volverá a la carga con ¿lo ve?, ¿ve usted cómo tiene poquísima imaginación?, que usted omitiría repetirle a su amigo no sabrá si por no resultar reiterativo o porque él no sepa que ella se lo habrá vuelto a decir, pero lo decidiría usted en otro momento por no perder ahora el hilo ― no soy el tutor del niño, así que… ─ Ahí iba yo ― ella, Lola, que dirá que se cansa de dar tantas explicaciones y de ocuparse de que Sonia hable en cursiva, que va a acabar encima confundiéndose y sin saber ni ella misma quién dice qué ―; que y mire usted que lo siento porque además de desdecirme, que un poco de rabia ya me da, dicho sea entre paréntesis (que usted no los pondrá, entendiendo que como son parte del su propio texto de ella no hacen falta) pero bueno… ‒Y que ― dirá Lola, justo en el momento en que el reloj de la iglesia dé la una y ella colocará el último libro desempolvado en el estante y tirará de la lazada de su delantal ―, ha sido mi error y justo es que cargue con la culpa, lo voy a obligar ― que esto ya lo dirá, dirá usted...
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2402046842275
Nota marginal
02/04/2024
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/alicia/notamargi.pdf – ¿Qué tía? — pregunté, sin apartar la vista de los folios. – Tu tía, la de los gemelos. – ¿Gemelos mi tía? — Y con la cabeza en mis preocupaciones —: Mi tía nunca tuvo hijos. ‒De oro. ‒Menos. – Bueno, pues colombofobia. – Ah, sí, mi tía… Pero es cobalfobia. – ¡No jodas! – ¿Vamos a volver de nuevo a esa bobada? – No, pero, pensé que… – Que podía ser divertido, lo recuerdo muy bien – contesté — pero yo te expliqué que para el asunto que nos ocupaba no lo veía y tú, que también lo recuerdo, me dijiste que no importaba, que si no encontraba una solución que me gustase rompiera los folios… – ¿Y los rompiste? – No. Claro que no los rompí; en alguna parte los tendré, imagino, a menos que estuviesen, que tampoco me animo a creerlo, entre los papeles que quemó el chico… – ¿El nieto? – El mayor, sí. Pero ¿qué importa ahora eso? – Bueno — él encogiéndose de hombros, aunque su tono me sonó algo sarcástico —, si a ti, que eres, digamos en términos coloquiales “el padre de la criatura” no te importa, ya me contarás cómo salir de todo ese lío. – De los líos antes o después se sale — repliqué. Y apartando la vista de los folios para mirarlo a él —: Lo que me trae de cabeza es que no sé cómo hemos llegado a esta situación… – Tu ti… – Mi tía se marchaba de viaje; sí. Pero eso no tiene nada que ver. – Tú tienes — y carraspeó — una forma de razonar un tanto curiosa, ¿no crees?; primero dices que de los líos se sale y luego te angustias por cómo hemos llegado a — tomó el manojo de folios con su mano izquierda y con el índice de la derecha dio un par de golpecitos, pensativo — este laberinto. Y depositó los folios sobre la carpeta abierta, y él mismo la cerró, y me la puso en las manos con una palmadita afectuosa en el hombro, y dijo “anda, vámonos, que te espera Indalecio”, y nos despedimos y tomamos cada cual nuestro camino, él, imaginé, tan campante y desentendido de problemas porque, ahora, tonto de mí el escritor era yo; y si el escritor era yo a mí me correspondía el desenmarañar la trama de una historia que ya me podían ir aspando si tenía la más remota idea de dónde, ni cuándo, ni por qué había empezado ni, a juzgar por las inquietantes deducciones a que conducían los indicios que Lola me mostrase aquella mañana en la pantalla de su móvil , quién la había empezado ni con qué Maquiavélica intención. Encendí un cigarrillo y pensando en unas posibles conexiones que se me antojaban imposibles todas (contradicción, a su vez, que sería mejor sustituir por improbables o insostenibles) anduve hasta el metro donde, al ir a echar mano del abono transporte ya en el vestíbulo, me percate de que me había cambiado de americana y lo tenía en la otra. Contemplé entonces la posibilidad de tomar un taxi, pero, de esas veces que las cosas se lían, tampoco llevaba dinero — y absorto como andaba no se me ocurrió sacar dinero de un cajero o decirle al hombre al llegar que me esperase —; así que como la noche estaba agradable opté por ir paseando, tranquilamente, saboreando la quietud y el silencio de los que no es posible disfrutar en estos tiempos tan agitados durante el día. Pero la tranquilidad duró poco — o mucho, si se tiene en cuenta que la distancia que me separaba de casa era grande, y que pudieron pasar por tanto un par de horas — porque, cuando andaba ya cerca, escuché muy próxima la sirena de un coche de bomberos que, cuando dejó de sonar, me dejó oír mucho barullo, como si muchas personas hablasen alteradas al mismo tiempo. No le di importancia pensando que se trataría de uno de tantos sucesos como tienen lugar por las noches en una gran ciudad, pero, para mi sorpresa, los bomberos y toda la escandalera estaba delante justo de mi portal y, los vecinos, señalaban con sus índices hacia lo alto sin dejar de vociferar. Miré hacia arriba pero no se veían llamas ni a nadie que quisiera tirarse desde ninguna ventana; y luego hacia abajo y a nadie en la acera que se hubiese tirado. Pregunté entonces a uno de los bomberos “qué pasa” pero fue una de las vecinas que conozco de vista (porque la ventana de su digamos gabinete queda frente a la de mi cuarto de estar), una señora de mediana edad cuyo aspecto hubiera mi tía Luisa con su proverbial elegancia calificado de “alarmante”, la que se apresuró a responder encarándoseme y bramando que “es que, oiga, cuando he llamado... Versaciones
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2402036837809
La mente en blanco
02/03/2024
Doña Dídima
https://valentina-lujan.es/alicia/quesalgoque.pdf que es algo que, dice mi amigo — le explicaba a Lola mientras ella planchaba una mañana en que, recuerdo, no había ido al ministerio yo porque había huelga de funcionarios —, se le puede quedar a cualquiera en el momento más insospechado y, en tales casos, dice, lo más importante es no dejarse ganar por el desánimo y alentar a la imaginación a tirar para adelante aunque para ello tenga uno mismo que renunciar a ser razonable porque, por lo visto, la imaginación se pone perezosa a veces y, si la dejas, ahí que se queda hecha un ovillo, amodorrada, o tumbada panza arriba y dando rienda suelta a un libre albedrío que cree suyo pero es tan sólo un espejismo del esclavo de la razón en el que habita y que , lejos de liberarla, lo que va a hacer (porque el libre albedrío hijo de la razón es, a imagen de su madre, al parecer muy autoritario) es ponerle más aún la soga al cuello y arrastrarla por caminos trillados por los que, ella — que por propia iniciativa andaría siempre buscando novedades aunque ello le costara alguna que otra rodilla desollada por andurriales a veces un tanto intransitables — no acierta a encontrar el espacio abierto en el que desplegar sus alas y remontarse y, no viéndose libre de buscarlo con aquella soga al cuello que la somete y la humilla, se revuelve, y se encabrita, y como una fiera enloquecida rompe a tirones y bramidos la soga, y arremete contra el libre albedrío y contra la razón que la domeñan, y sale corriendo y dando saltos por entre los riscos de un albedrío indómito y salvaje y desmadrado que, como ni la conoce ni tiene al no conocer sus virtudes ni encantos el menor interés en doblegarla, no trata de atraparla ni le hace ningún caso; y pasa ella junto a él sin prestarle la menor atención y sólo atenta a descubrir, no importa dónde, el lugar o el momento o la idea en los que manifestarse sin trabas. Y que es entonces, dice, al darse de manos a boca la imaginación con una mente en blanco en que alojarse, cuando debe tener sumo cuidado en no precipitarse, no dejarse llevar por la ansiedad de proclamarla su albergue y su morada y, antes de habitarla y de erigirse en su dueña y señora, ha de cerciorarse de que no se está metiendo en una mente enferma, o malvada, que terminaría contaminándola y reduciéndola a la condición de imaginación ruin y mezquina y calenturienta y malsana. Y que para esos casos tan extremos, concluye mi amigo — concluyo yo al tiempo que Lola termina de poner en la percha la última camisa — conviene tener una pequeña reserva de aunque nada más sean bocetos, pequeños apuntes, anotaciones inconexas que, llegado el momento y sintiéndose halagados de que volvamos los ojos hacia ellos, nos mostrarán su gratitud desplegando ante ellos (nuestros ojos) todas las posibilidades que no supimos en una primera toma de contacto saber verles. Versaciones
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2402036837649
Mirando por todas partes
02/03/2024
El arqueólogo
https://valentina-lujan.es/F/mirandoportodaspartes.pdf medio enfebrecido y trastornado fantaseando en mi mente enferma, dice, seres imaginarios y perversos que “pretenden apropiarse tu obra”; y que para ello no pestañearán ni les temblará el pulso a la hora de, investidos de la más anodina o vulgar de las apariencias, “irrumpir en tu vida y en tu casa bajo el pretexto en apariencia muy loable de proporcionarte un entorno aseado y una vida ordenada y, si hay suerte y no se le pegan cuando husmeando entre tus papeles se le va el santo al cielo, hoy un plato de lentejas mañana un tartar de salmón con aguacate” que irritó enormemente a Lola que, indignada, me dejó no un post-it tal como acostumbraba sino un folio en el que con letra muy grande y doble subrayado me instaba a decirle cuándo exactamente se le había pegado — “¡ni a mí ni a nadie!”, especificaba aunque ella por supuesto no iba a poner su cultura culinaria en entredicho dando la cara por nadie porque, en su opinión y entre paréntesis, hay profesionales muy afamados que bajo el nombre de “creaciones” elaboran platos tan del todo estrafalarios que mejor ni nombrarlos — el tartar de salmón con aguacate y me pedía, en letra más pequeña y sin subrayar un poco emborronada por las lágrimas, que por favor, por favor, lo de anodina y vulgar no le importaba y no iba a tomar (por tanto) represalias pero lo de “personaje imaginario” no podía sinceramente soportarlo; así que por favor lo quitase porque, de lo contrario, ya podía irme preparando para escuchar la monserga que me largaría mi madre cuando fuese a visitarme al hospital. Y, después de un punto y aparte y sin rastro ya de lágrimas, que lo de perversa lo podía dejar porque le desvelaba una faceta de su personalidad en la que jamás había pensado pero “me ha parecido interesante, ¿sabe? — escribía —, enormemente seductora que puede, por qué no, estarme abriendo las puertas a nuevas formas de proceder que jamás antes se me habían pasado por la imaginación. Y pienso explotarla”. Versaciones
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Que piense algo
02/02/2024
Lola
https://valentina-lujan.es/alicia/quepiense.pdf Que tiempo de sobra tendrá usted por las mañanas, en el ministerio, sin otra cosa que lo pueda distraer mas que sus aburridos expedientes, de discurrir una situación mediante la que tanto si se quiere usted mantener en la idea de discutir por una cuestión tan baladí como lo es el que usted sostenga que su protagonista es una mujer sencilla en tanto que su amigo , tanto si es porque usted así lo desea como porque crea él sinceramente que resultaría sin punto de comparación más sugerente, pero que allá usted y que él no quiere ― le dice ― influenciarlo, insistirá él en que sea una señora de la alta sociedad, y los guantes sean largos y de terciopelo cuando ella cierre la puerta con sigilo, suavemente, con cuidado de no despertar al marido (enfermo tal vez, y anciano e inmensamente rico ) al que ha administrado un somnífero o quién sabe si no arsénico o cianuro antes de fugarse con su amante como si lo que prefiere es algo de índole más intelectual y que su conversación se centre en aspectos psicológicos, caracterológicos o incluso temperamentales de los personajes dando, todo ello, lugar a un argumento de menos acción, es verdad, pero contenido más filosófico y, por tanto, también posiblemente de más calidad literaria puedan, sin apasionamiento y muy serenamente, plasmar negro sobre blanco sus desacuerdos. Pero que, tanto si es conservando la postura, la situación, el tono, la actitud y el atavío tanto de la esposa como del marido que usted defiende como si lo es manteniendo aquellos por los que aboga su amigo y que darían a “nuestra Camelia” — dice él — un aspecto de mujer más de mundo y con más clase y más esbelta aunque también y por supuesto bastante más perversa pero él — insiste — no quiere influenciarlo, lo que no tiene que perder de vista es que la protagonista “es ella, no yo” ― le dice ―; y que deje por tanto de hacer mención constantemente a qué él dice, y cómo lo dice, y cuándo lo dice, y por qué lo dice… – ¿Te estás enterando? ― pregunta él. – Sí ― contesta usted. Y zanja su amigo el tema con que pues entonces “¡Hala!”, y que ahora, si a usted no le importa, será mejor que por hoy lo dejen. Usted le dice que sí, que claro, además tú tenías prisa. Dice que no, que no tiene nada que hacer, que lo dijo nada más para que no tuviera que ser usted quien dijese “me tengo que marchar”, porque entonces a lo mejor se sentía obligado a explicar que es que iba otra vez a casa de Ramírez alegando que era por el tema de la papiroflexia pero que… – ¿Qué? ― pregunta usted. – No, nada… Además ― añade él, tras pensárselo un poco ― me parece bien que te estés empezando a encariñar un poco con… ¿Cómo quedamos en que se llamaba? – ¿Camelia? – Sí – Sonia. – ¿Sonia ― él; y alzando levemente una ceja ―: eh? – Sí ― usted ―; pero si prefieres que lo discutam… – No… – ¿De veras? – Sí; sí. De veras. Es sólo que… – ¿Qué? – No; nada. Y se queda él como pensativo, un ratito, tabaleando sobre el mármol otra vez y volviendo a inflar los carrillos para soplar después el aire emitiendo otra especie de brrr; luego se pone de pie y dice “bueno, pues venga” y que “Sonia, sí; puede estar bien” pero que, a él, “en fin tú verás, ya te he dicho que yo no quiero influenciarte”, le parece que no van ustedes a estar hablando de la de las… – ¿“¿Sandalias”, dijimos? – Boquerones ― lo corrige usted. – Vale. Que no sé para qué se esfuerza usted en ser preciso cuando él acepta la rectificación sin rechistar, como si le estuviese importando un comino. Pero usted verá. Pero que ― en conclusión y no fuera a ser que la terminasen liando, tan más o menos encauzada que la cosa iba ―, aunque él habría jurado que eran salmonetes, lo que de verdad le preocupa es que tiene la sensación de que están todo el rato hablando de la otra. – ¿Qué otra? ― le pregunta usted. – La de las botitas ― le contesta él. Y cuando usted le intenta refrescar la memoria dándole detalles precisos de la página y el párrafo exactos en que él, él solito y sin contar con nadie, la había olvidado, le contesta... Versaciones
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2402016820692
Manolita me lo ha puesto en bandeja
02/01/2024
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/alicia/manolitameloha.pdf y de plata, por más datos pero que me como, omito, porque todo el mundo sabe lo propensas que son las madres a los tópicos si bien, eso hay que reconocérselo, ha acertado aunque por pura casualidad porque conocerla no la conoce, en persona, quiero decir, nada más que de oídas y cuando me va detrás sermoneando y se para mirando sin demasiado interés cómo les pongo las pipas y el pienso extrusionado a él y esas otras cosas de sus dietas que les gustan, ella, que no se fija, siempre la llama Indalecio Continuará Versaciones
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2402016820210
Dejar las cosas como estaban
02/01/2024
Gervasio
https://valentina-lujan.es/m/masdificilesa2.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo, regresando al Cofee Shop de mis desdichas y tan infausto recuerdo donde creí, me pareció, verla con sus botas con vueltas de piel la tarde del paraguas. ¿Continuará? ≈ – ¿Continuó? - La pregunta ― respondo ― podría tener su gracia si no fuese porque… Porque lo intenté; doy mi palabra de que lo intenté, pero el panorama era tan desolador que entendí, aun doliéndome el alma, que las fuerzas adversas del destino se habían confabulado en mi contra para impedirlo… – ¿Cómo lo ves? ― pregunto ilusionado. – No sé ― dice torciendo el gesto ―; lo encuentro como raro, ya te digo: no es tu estilo. – Pero puede ser el tuyo ― respondo, sin dejarme intimidar, llevado de mi infantil optimismo ― y, el escritor, acuérdate, ahora eres tú. – Pues por eso lo digo. Porque yo pensé que un burócrata, con una mente estructurada para seguir un orden razonable, tan capaz de imaginarme como yo te conozco… o he creído conocerte pero ya veo que me equivoco, no dejaría que una situación tan sencilla se le fuese de las manos de una forma tan… Vamos: que me esperaba otra cosa. Me desazona no ya su decepción ― que en lo tocante a cuánto pudiese creer en mí como escritor ya sabía, desde un principio, que no debía albergar grandes esperanzas ― sino el verle tan de verdad contrariado; y se me ocurre, por salvar la situación, tratar de alegrarlo, arreglarlo, con algo tan socorrido como “digamos que ha sido un lapsus”. Pero me mira arrugando la nariz igual que cuando, de niños, hacía ascos a las cucharadas de aceite de hígado de bacalao que su madre le daba; se la traga por fin, tan a regañadientes como entonces, y accede a “digámoslo”. – ¿Pero por qué lo tienes que decir con esa cara? – Porque no termina de gustarme. Y que no tendré por casualidad un caramelo… “¿verdad?”. Le contesto que no, pero que no me parece que sea tampoco para tanto. Y, él: – ¡Pero qué sabrás tú! Y, aunque no dice más pero a punto estoy de contestarle “nada, claro; ¿o te crees que soy tonto y no me daba cuenta de que os reíais de mí porque estaba un poco gordo?”, él quiere saber si en el colegio o cuándo… – ¿Importa mucho? ― le digo. – No ― contesta ―; pero tantas preguntas seguidas me han traído a la cabeza a… ¿la señorita Isidora, era? – ¿Aquella que tenía el pelo tan rizado? …pero él dice que no, - ¿No? Y él que pues claro que no “porque quién ni qué te garantiza a ti ― me dice ― que las cosas tengan que ser forzosamente como tú las piensas” cuando, si me paro a discurrir un poquito, muy bien puedo encontrarme con que ni las personas ni los objetos ni los lugares estén siendo fieles, pasado un tiempo, a la imagen que se conserva de ellos “y ya veremos ― augura ― si no tienes que, aunque te cueste un poco, rectificar o hacer un retoque por lo menos”. No le contradigo porque no tengo hoy ya ganas de más desencuentros, pero a mí me parece que si tengo que rectificar algo casi voy a preferir olvidarme de Ramírez, y de sus padres y sus hijos y, en un derroche de imaginación, del ministerio y hasta de las botas con vueltas de piel de… - Esa ― que “¿Cuántas veces tendrá uno que repetirte «que»? ― era la otra y cierra, que te pasa siempre igual, las comillas inglesas. … y mandar a hacer puñetas todo Y, para colmo, que repase a ver si no estoy haciendo un una especie de cóctel medio raro entre el burócrata y el escritor… …porque estoy un poquito cansado …le parece. Versaciones
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2401296789880
Porque la intención había sido continuar
01/29/2024
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/R/pqlainthabiasi.pdf Porque la intención había sido en un primer momento esa, la de continuar y tratar de complacerlo y resolver; pero ahora ― sin saber explicar por qué, sin poder encontrar una justificación razonable ― no estaba seguro de si de verdad lo deseaba; o no por ese camino, por lo menos. Me quedé mirando a la ventana ― ventanal, en realidad, bastante grande como suelen ser en esos sitios ― pensando cómo lo harán, en las casas nunca están tan limpios… Te digo que no y punto; sé que dije en voz baja y, a mí mismo sólo en el pensamiento porque, vamos a ver: ¿tú qué quieres? Ya lo has oído. Me contesté: Algo más. Garabateaba, mientras tanto, en el reverso de algún papel absurdo, un ojo, una casita, un árbol y redondeles y palabras… sitios, limpios, una debajo de la otra y otra vez hasta cinco, o seis, o siete veces; y otro ojo, y una chimenea y humo… ¿tú, que quieres? Que llueva. Imaginando que sería bonito; y si no lo era se ajustaría a algún tipo de esquema… era, esquema, complementándose, apoyándose, reforzándose, el ánimo sombrío y goterones, gruesos, rebotando contra los cristales… ¡lástima! Te digo que no y punto. Pero de llover no estaba. No estaba de llover, y el cielo azul; pero y qué si, de fondo, el runrún incansable de una hormigonera. Así no hay manera. Y lo escribí también hormigonera, manera, pensando en trinos de pájaros que, rompiendo el aire frío de la mañana azul, pondrían el contrap… ¡Mierda!, ¡mierda, mierda, mierda dos veces “azul”! ¡Mierda! Hice una pelota con el papel y lo tiré a la… al cesto de los papeles no más mierda. Llamaron a la puerta. ¿Más mierda? Anda que, qué mañanita. Pensé no contestar, hoy no he venido, pero en qué otro sitio podrías estar, so imbécil a las once de la mañana en jueves. Así que dije pase y, una voz desconocida: aquí lo tiene. Mie… – Su expediente, sí ― atajó ―: el 27459. – ¿No había otro? ― repliqué, sin poder contenerme. – Sí, claro ― repuso ―, pero el que usted necesitaba era éste, pero traspapelado como estaba y, yo, en mi primer día de suplente… – ¿Qué pasa ― quise cambiar de tema por no perder los nervios definitivam… Carraspeé y seguí, como si nada ―, por cierto, con Gutiérrez? – Tenía ocho días de vacaciones pendientes. – Estará usted, por tanto, con nosotros hasta el próximo… – Viernes. Depositó el expediente sobre la mesa y me preguntó si quería algo más; le contesté con bastante sequedad que no, gracias. Se dio la vuelta, caminó erguido hacia la puerta y, con la mano ya en el picaporte se giró y ah, se me olvidaba. Dijo. Y que tenía que comer ― explicó ―, pipas, algo de grano y, muy de tarde en tarde, algún mendrugo… (No continuará: lo juro.) Versaciones
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Algo que sin que resultara imprescindible
01/28/2024
Sergio Escalante
https://valentina-lujan.es/A/algoquesinqueresultara.pdf que así al pronto tuviese que estar muy definido mostrara, en una primera impresión que ya desarrollaría yo cuando me hubiese soltado, un perfil que pudiera gustarle y, halagado, pues que sabido es que el halago es arma bastante eficaz para, por aquello de la vanidad de la que incluso las almas más excelsas pueden ser presa, me abriera él la suya e, imbuida la mía de él y de su experiencia y saber hacer – ¡Eso es absurdo! — mi madre, con esa manía que tiene de colocase a mi espalda y fisgar lo que escribo por encima de mi hombro. – Absurdo por qué — pregunté irritado —. Estoy trabajando, intentando pensar, y tú, con esas intervenciones tan intempestivas… — resoplé, eché la cabeza hacia atrás a ver si me destensaba y encendí un cigarrillo — ¿Qué pretendes con esa actitud tan de… Acoso y derribo, diría yo. – Ahí hay algo que, no sé, pero a mí me parece que abrir una interrogación y no cerrarla queda raro. – He cambiado el tono, ¡si te fijaras!; el tono no era es mismo al inicio de la frase que al terminarla — y le explico, aunque no sé para qué pierdo mi tiempo con ella —: No es fácil plasmar por escrito las inflexiones de la voz. – Bueno, quizá tengas razón, pero… – ¿Qué pero vas a sacarte de la manga ahora? – Oh, ninguno, pero… – ¿Lo ves? –Lo de la vanidad, digo, ese tipo de suposiciones tan infundadas y lo de imbuirte… ¿Qué garantías tienes de que ese individuo sea vanidoso? ¿Qué seguridad de acertar a imbuirte del espíritu de alguien a quien, por otra parte, apenas conoces? – Claro que lo conozco. Jugábamos juntos en el parque, su madre y tú hacíais punto y hablabais de recetas de cocina? – Sí, ya; y después fuisteis juntos al Ramiro de Maeztu, pero, luego… Erais uña y carne, nunca supe qué pasó para que os distanciarais. – Yo tampoco — repliqué con sequedad y (escribí) apagué el ordenador y lo cerré. – ¡No tan deprisa! — esta es Manolita, cuando le enseño los folios, que como llevamos tanto tiempo tratándonos nos hemos tomado confianza y se ha vuelto un poco mi confidente —; antes de cerrarlo tiene que imprimir lo que lleva para que lo revise Lola. – Ah, es verdad; pero, es que… mi madre me pone tan nervioso. Y me dispongo a abrirlo. – ¿El ordenador? — Manolita. –Si… ¿No? – No ahora, que me da pena si está inspirado, pero estoy a punto de cerrar, mi marido esta noche tiene guardia y, el niño… — y, recogiendo ya las sillas que va colocando boca abajo encima de las mesas —: y, su madre, que perdone que me inmiscuya en lo que no es de mi incumbencia, pero, su madre… Y, mirándome muy seria entre silla y silla, que me convendría, sería saludable, saber establecer una cierta distancia con mi personaje. Versaciones
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Por si acaso
01/26/2024
Felipe Ledesma
https://valentina-lujan.es/Q/queresnoresporqueres.pdf – Que resultó no resultar porque resultó — le explico, porque quiero que entienda que si las cosas no han prosperado por esa vía no ha sido por causa de algo de lo que yo sea responsable — que, ella misma me lo confesó, había sido muchas cosas en esta vida tan destartaladísima que llevo, y que, alg… – Algún día, cuando tuvieseis más confianza — sigue el, como si recitara, como si estuviese repitiendo de memoria algo requetesabido —, si vuestra relación no se iba a pique como se habían ido a la mierda tantísimos otros buenos principios… ¡sí yo le contara!... ¿Verdad? ― Me pregunta el a mí, como queriendo significar “¿es cierto lo que digo o no lo es?” ― Pero que siguieras, con lo tuyo, con lo suyo, que no lo quiero entretener que ya tiene usted hoy bastante lío porque fue una tarde…, lo recuerdas bien ― asegura, apuntando a los papeles con su índice mientras habla ― muy complicada, de mucha tensión y enormes dificultades por culpa de un avión que no te salía. – Un sombrero ― rectifico. – ¿Un sombrero? ― Él. – Un sombrero, sí― insisto ―; no me salía pero era un sombrero. – Como quieras ― él, como queriendo zanjar el asunto de cualquier manera ―: un sombrero. Pero… – Un sombrero samurái; concretamente. – Tu sabrás ― él, un poquito impaciente, como contrariado —, pero… ¿Ya sabias hacer para entonces la pajarita y el dado? Porque yo no es que quiera desanimarte ― dice ― pero a mí me parece que el sombrero, samurái encima, para un principiante… – Pues no sé… A lo mejor es que aprendo muy deprisa… – Puede ser – concede, aunque me parece que de mala gana. Y zanja ―: te contaría, dijo, pero que una chica así, tan mona, y con aquellas botitas tan coquetas que tu le describías, le parecía que no… ¿Verdad, cariño? – “Verdad, cariño” … ¿A qué viene ese sarcasmo? – Ella; ella ― golpeando con el dedo él sobre los papeles. Y, algo irritado, me explica ―: ella, al marido, desde lejos, que está en otra habitación y le habla, desde lejos, ella, con la mano en el picaporte de la puerta levantando la voz verdad, cariño…! ¿Es tan difícil escribir algo tan sencillo? – No; claro ― yo. – Pues entonces…! joder! – Lo que no entiendo ― arguyo, un poco balbuciente porque a veces me pone nervioso ― es por qué hay que ponerse así. –! ¡Así o de cualquier otra manera! ― Responde, en el mismo tono ― Lo que quiero que entiendas es que… – Está bien ― le digo ―; está bien… – Al marido ― él otra vez ―, que se quedo un poco pensativo y termino por decir “pues fíjate que yo diría que a mí me suenan”. – ¿Te suenan ― ella, dice, arrugando con incredulidad la nariz y mirándome, dices tú, con cara de “no le haga caso” ―, te suenan de verdad unas botitas con… perdón: cómo ha dicho usted que eran? – Con vueltas de piel, contesto ― escribes. Dice. – “Vueltas de piel”, ella. Escribes ― dice ―, “cariño”. – “Puede que un poco vagamente”, él, “pero si, querida”. – Tonterías… – ¿Tonterías? – Ella, hombre ― yo, que parece que lo voy pillando ―; ella dice “! ¡Tonterías!”. – Ah; bueno. Continuara Continuara .... Porque ahora, por aquello de que lo voy pillando y empiezo a tener las cosas claras, parece que me siento más animado. .... – Escribes ― dice ― y, entre paréntesis: (Si consigo vencer su escepticismo).
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Se mostraría reticente a tal eventualidad
01/26/2024
Sergio Escalante
http://valentina-lujan.es/Y/Y si mi amigo se.pdf Y, si mi amigo se mostraba en verdad en desacuerdo y yo no lograba persuadirlo de que un personaje con el que no se había contado previamente podía representar un abanico (o un par de varillas, por lo menos) de posibilidades inesperadas podría echar mano, sugirió Gutiérrez , de Jorge Pintado, un chico al que conocíamos — dijo — porque era de nuestra misma clase (social, quiero decir; porque era de otro instituto y no sabíamos en qué curso estaba) y, aunque con posterioridad a la muerte de su padre no es que se contara mucho con él le podría servir, así de pasada y sin entrar mucho en profundidades ni grandes detalles (aunque tenía una nariz enorme, si piensa usted que lo podría utilizar como evaluador de fragancias), para que recogiera las pelotas de tenis cuando jugábamos (que, bueno, él no, que solo miraba) al mus y no teníamos ganas de levantarnos a recoger las que se les caían a la panda facinerosos que, con espumaderas a modo de raquetas pero pobrecillos como eran muy pobres, jugaban al pádel en el campito con muchas amapolas que, aunque no daba las medidas de una pista reglamentaria, hizo un papel bastante digno de encomio y no poca algazara allí, junto a la vía del tres al lado del rio, cuando tras años de tener las obras paralizadas el ayuntamiento terminó el polideportivo con una tapia tan alta que no podían saltársela más que con pértiga, que sí, robaron una, pero como era de poda dijeron que no servía porque no era del equipamiento requerido para un deporte tan distinguido aunque, dijo también, aunque no lo pongo ya en cursiva porque no podría asegurar estarlo repitiendo palabra por palabra y literal, si mi amigo no se mostraba reticente o yo lograba persuadirlo de que un personaje con el que no se había contado previamente podía representar un abanico, o un par de varillas solamente, recordó (por eso lo pongo en cursiva), como muy bien usted ha dicho, de posibilidades inesperadas él, Gutiérrez, guardaría las pelotas y las espumaderas en su taquilla aunque la pértiga, se lamentó, es demasiado larga aunque de poda y no voy a saber dónde meterla y, en su memoria por si la ocasión de darles utilidad se terciaba, a los facinerosos y a Pintado y, por supuesto, a su difunto padre que en gloria estuviese. Y en eso quedamos antes de terminar la jornada laboral y marcharnos juntos a comer a su casa. – Pero, vamos a ver — me dice María de los Dolores —, que como su colaboradora y correctora titular no me ha puesto mucho al tanto porque tenía que irse corriendo a recoger del tinte el esmoquin de usted, no sé yo si me entero mucho de qué va el asunto; pero, que yo sepa y creo que ella tampoco, usted nunca ha comido en casa de Gutiérrez sino de Ramírez, ¿o no?, ¿o tal ver mejor o sí? – No. Sí. Si no, si sí y eso es así. Pero hoy es diferente porque está invitado el novio de su hija, y quiere presentármelo porque es el fotógrafo del que me habló. Versaciones
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