Si alguien de verdad pensaba que las protestas que hemos vivido en los primeros meses del año en varios países del norte de Africa iban a quedar restringidas a países con regímenes dictatoriales y corruptos, que lo vaya pensando dos veces. Las democracias “teóricamente maduras” del mundo occidental no están ni mucho menos a salvo. Si el año pasado ya tuvimos el ejemplo islandés, con ciudadanos que se echan a la calle y provocan un cambio de gobierno, una reforma constitucional, un cambio en e...
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