Me gusta cuando las nubes parecen humo que vaga por un cielo estrellado por un solo astro. Ver sus formas, dilatadas y desgarradas como trazos de pinceles rotos que erran sin rumbo en un lienzo inacabado, e imaginar que no hay imagen a la que se asemejen porque ellas mismas son su propio reflejo. Me gusta cuando el viento mueve esas figuras de abstracta concepción mientras a mí me mueve, o más bien arrastra, como a ellas, el tiempo en otro espacio; menos tranquilo, menos calmado, pero más establ
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