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y que una vez decidida a por lo pronto no fregar los cacharros — y por lo tarde darme un baño que me relajara y poder dormir a pierna suelta — me sentaría en el suelo, tranquilamente, fumando cigarrillos sin hacer reclamaciones ni preguntas y dejando correr un tiempo que me esperaría, allí, bien calentito porque dónde iba a ir cuando, después de tomar la decisión, que recuerdo perfectamente que me la tomé con el último sorbito de café al abrir el grifo de la bañera, yo misma y con mis propias manos había puesto el tapón del fregadero.
Así que “sí toqué”, toqué y así lo diría, “toqué”; sin mentir ni miedo, allí donde fuera requerida, cuando fuese convocada, y ante quien, fuese quien fuera, me preguntase; diría “toqué el grifo del fregadero y el tapón de la bañera, ¿qué pasa?”.
Di una calada al cigarrillo, dejé escapar una nube de humo porque nunca he sabido dejar escapar esas espirales tan artísticas que me parece que se llaman volutas que — en el caso de haber sabido — me las habría quedado para mí porque por qué dejar marchar algo tan bonito, me felicité efusivamente por mis arrestos — en primer lugar, y en segundo por llevar la tarea tan avanzada — y me dispuse a, que sería el último paso, abordar el problema de localizar el momento y el lugar donde había dicho que no lo haría, para, tras rectificar todo lo que fuese necesario corregir, poder seguir adelante sin dejar flecos sueltos.
Etiqueta: Papeles
Categoría: Telas
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