DOS PALABRAS
Me despierto
remoloneando, ya
muy de mañana, entre las
sábanas y tú no estás.
Los ojos aún sin abrir,
estirado
cuan largo soy, boca arriba,
despatarrado y con los
brazos abiertos, con gusto
deleitándome
en la molicie del blando
lecho —sabiendo que tú
no estás, sintiendo aún reciente
el calor
de tu cuerpo—,
me doy la vuelta y pronuncio,
a solas, en el secreto
y el silencio
de la alcoba —sin que ni
tú ni nadie pueda oírlo—,
dos palabras,
las mismas que ya conoces,
las de siempre,
aqu
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