Desde que Hannah tiene memoria ha sabido que le van las chicas. Solía encontrarlas fascinantes, exquisitas, un verdadero manjar honesto. Sin embargo, sus pensamientos cambiaron el día que su novia le dio la espalda, entonces no solo se decepcionó de ella, sino de todos. A la mala entendió que, así como las mujeres pueden ser lo mejor del universo, también pueden ser lo peor, la destrucción personificada, la venganza en carne propia. Ella jamás creyó aborrecer algo que tanto le gustaba, pero llegó al punto de no socializar con nadie salvo con su hermana.
Entonces, dentro de todo su duelo, la escuela le regaló dos cosas: una mejor amiga parlanchina y un nuevo sexy capitán de su equipo de básquetbol.
Oh Kevin, el culo fogoso de Kevin Russó. Nunca creyó que ese chico se convertiría en un elemento vital en su vida incluso después de graduarse.
Ahora no solo ha superado su corazón roto, sino ese rubio, además de hacerla cuestionar su sexualidad, la ha motivado a hacer lo que siempre soñó de pequeña: ser un auténtico chico.
Costado a costado aprenderán que no siempre hay que callar nuestros deseos por el miedo al qué dirán pues, a la larga, si no conseguimos lo que nosotros queremos, ¿quién lo hará por nosotros?
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