Nacida de la oscuridad abarca la red sináptica a una velocidad vertiginosa. Un efímero destello se ilumina desde las profundidades, cristalizando su pensamiento, que deja entender, en un brevísimo momento de lucidez, la viscosidad injerta en las planchas metálicas. La intermitente vibración ocupa el espacio y atrae hacia sí las distintas imágenes y subespecies, conglomeradas en su centro angular. La pesada respiración se reinicia artificialmente, poco a poco, en un pensamiento procesado, y de ahí vuelve y prosigue por un nuevo camino, atada a la infinitud del Otro, ratio y término ontológico del encapsulado. Una tenue luz turquesa colorea las aguas, acompasada por el borboteo. Los alados acuden presurosos, transmitiéndose el onírico mensaje: Nunc vigilat, qui dormiebat!
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