Deseando profundamente la muerte para reunirse con el amor de su vida, que era su razón para vivir, al Señor Ove (de la preciosa película sueca Un hombre llamado Ove) le diagnosticaron una enfermedad: tenía un corazón demasiado grande. Era una enfermedad en dos sentidos, entiende uno después de recorrer la vida de Ove de su mano. Y puede ser un mal no diagnosticado –en uno de esos dos sentidos– para muchos en un mundo maravilloso que, infortunadamente, protagoniza el dolor. Me pregunto con demas
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