Yo sé que deambulas entero, sólido, alto, completo,
como un roble ilustrado, tu faz y cabello al viento.
Pálidas hojas, que niegan el abrazo otoñal.
A pesar de saberte, yo cada día te invento
te pongo en mi silla, en mi ventana, en mi cama.
Te ríes, escribes, lloras conmigo.
Me miras, contento me observas,
¡siempre complacido!
Circulas en mi estirpe, en mi mantra.
Me brindas calor de hierro venido del fuego
y te apoyas en mis heridas, las sanas.
Es cierto, ll
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