Parece definitivamente asentada en nuestros días la falsedad de que la soberanía reside en ese mito llamado pueblo. Para que una falacia tan pueril y aberrante haya tenido fortuna en una nación, previamente ésta ha tenido que dejar de asentar su orden moral y jurídico en la Verdad. Así ocurrió en los países protestantes, separados de la Iglesia...
All rights reserved