El destino, que a veces nos juega malas pasadas, también nos regala la fortuna de encontrarnos frente a frente. Dos desconocidos que sin intensiones de buscarse se encuentran en la calle, en cualquier calle, en un café, frente al mar o en un salón de clases, para no separarse nunca más.
El amor, que todo lo sabe, pero que así como lo sabe todo, también se lo reserva, nos va enredando entre sus hilos, y manejándonos como marionetas cuando por fin nos dejamos llevar por él.
Hay destinos y amores
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