No soy una persona pía, lo he de reconocer sin rubor alguno, pero tampoco soy ajeno al hecho religioso, moral o espiritual.
Nos hemos de retrotraer a primeros de diciembre de 2010, cuando por fin los astros se alinearon de tal suerte que pude emprender el Camino de Santiago, una de las innumerables asignaturas pendientes en mi irregular e imperfecto recorrido vital. Era una empresa, está, que me apasionaba, desde siempre, desde niño, desde que tuve conocimiento de tan singular iniciación. Había
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0