Alana Nocturna
En la noche, Raúl detuvo su vehículo cuando vio que una joven le hiciera señas para que parara. Se trataba de Alana, su vehículo estaba descompuesto. Como no fue posible repararlo, lo cerraron bien y Raúl se ofreció llevarla a la casa de ella. Sin que ninguno se percatara, Alana dejó en el vehículo de Raúl una bufanda.
Al día siguiente, en la noche, luego de su jornada laboral, Raúl va a casa de Alana a llevársela. Una señora le abre la puerta.
–Señora, ¿puedo ver a Alana? –preguntó.
–Mi hija Alana falleció hace dos años.
Con voz temblorosa Raúl preguntó.
–¿Esta prenda le perteneció a ella?.
Ella asintió con la cabeza y se la recibió.
–No puede ser, yo la traje aquí anoche a esta casa –dijo él.
–¿Está seguro? –dijo ella.
Raúl no dijo más y salió despavorido ante su mirada.
Alba N. Lopera González
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