Nerea se pierde en un camino rural mientras corre. Pide ayuda con el móvil a alguien que la acompañaba pero se ha adelantado. Mientras le espera, Nerea se encuentra con un hombre mayor que está trabajando en el campo. Tras escucharle algunas frases extrañas, descubre que es un antiguo profesor de instituto al que apodaban Heràclit, que ya se ha jubilado. Él sigue utilizando fragmentos del filósofo presocrático continuamente, como un juego con ella. Nerea le cuenta que trabaja en una consultora multinacional y reconoce que no ha seguido sus enseñanzas. Cuando se entristece y Heràclit la coge de los hombros para animarla, llega el acompañante de Nerea, Teo, y lo separa de forma violenta. Luchan brevemente y Teo lo empuja hacia un poste de obra, donde Heràclit se golpea y cae. Descubren que tiene sangre en la nuca. No reacciona. Teo dice que tienen que irse de allí inmediatamente, pero Nerea quiere llamar a emergencias o a la policía. Discuten y Teo la agrede para quitarle el móvil. Ella se va corriendo y, cuando Teo trata de seguirla, Heràclit le hace una zancadilla desde el suelo. Teo choca contra una valla metálica y se disloca el hombro. El viejo profesor trata de ayudarle, pero Teo le propina una patada en las partes. A Heràclit lo posee la ira y está a punto de golpear al otro con una rama, pero Nerea lo detiene con una frase del filósofo griego. Poco después, una ambulancia se lleva a Teo y Nerea dice que ella tendrá que cambiar de trabajo para no volver a encontrarse con gente como él. Una agente de la policía le pregunta si presentará una denuncia y Nerea dice que sí. Finalmente, logra convencer a Heràclit, al que han practicado una cura y lleva la cabeza vendada, de ir a urgencias a que le hagan una revisión médica. Para estupefacción de los policías, el viejo profesor sigue hablando como un filósofo presocrático.
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