Como un enorme elefante vertical, el Palacio Salvo se alza sobre la silueta de Montevideo desde hace noventa años. El que supo ser en su momento el segundo rascacielos más alto de Sudamérica, tiene un hermano en la Avenida de Mayo de Buenos Aires, el Palacio Barolo. El arquitecto de ambos, Mario Palanti, soñó con incluirles faros que los hicieran recíprocamente visibles desde las orillas opuestas del Plata. Hace algunos años, el Barolo se dotó de iluminación nocturna en su cúspide. Ahora es el t
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