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2402226983903
Introspección (o algo así)
02/22/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/I/introspeccion.pdf Introspección (o algo así) Sería aventurado, y pronto para poder decir que hayan sido las musas; pero los hados sí que se han mostrado favorables y han acudido en mi ayuda. Después de meses ― que serían años, pero me siento con ánimo benevolente como para transigir con el hecho de que bueno, y de que mal o bien o a trompicones algo suelto o inconexo sí que he escrito en los últimos tres lustros ― en un algo así como “dique seco” hoy he amanecido con una predisposición que no reconocía en mí desde hace mucho tiempo. Me he dicho sé humilde, y lo importante es ponerse, romper el hielo y lanzarse con determinación (“aunque tal vez en un primer momento sea fingida”, que también me lo he dicho) a, por decirlo de manera muy concisa, lo primero que se tercie. En mi obsesión por lograr eso que yo he dado en denominar “literatura abstracta”1– que a lo mejor ya existe, pero como yo no lo sé o no la he leído no me parece deshonesto arrogarme la cualidad de ser quien ha inventado el término – pretendo empezar con abstracción ya desde la primera palabra; y eso es un entrar a saco en lo que quiero entrar que, para qué serviría o me ha servido durante el largo bloqueo que he vivido el engañarme, no resulta, o no de buenas a primeras, o no por el momento. He optado por avenirme, por tanto, al criterio mucho más humilde de ajustarme a qué el entorno o las circunstancias ofrezcan o propicien y, desde ahí, y sin obsesión por ceñirme a parámetros concretos más o menos rígidos, arrancar, aunque sea un poquito a la buena de Dios y sin más expectativa u horizonte que el que alienta al que se va a someter a una evaluación o un examen y (con independencia, en todo caso, de hasta qué punto o no punto el examinando esté dominando la materia objeto de la tal evaluación o el tal examen) aceptando que puede aprobar, o suspender, o sacar un aprobadillo raspado en la esperanza de que el resultado no será enteramente malo atendiendo a absolutamente todos los parámetros que puedan aplicarse a la hora de evaluarlo. Los parámetros, aparte de lo que para mí sea la literatura que yo deseo como “la literatura diferenciada e inconfundible o inimitable escrita por mí” ― o sí imitable, pero siendo yo quien la inicia, o da los primeros pasos en ella, o tan sólo y aunque nada más fuera la bosqueja y, algún día, será un estilo literario con su propio marchamo en manos del que sepa o quiera utilizarlo ―, pueden ser muchos y variopintos aun a mi pesar y al pesar de mis preferencias Un texto puede ser válido porque lo escrito esté gramatical y sintácticamente (o a lo mejor incluso con una de las dos cosas bastará, si la “cosa” está en sí misma y en atención a su propio objetivo “lograda”), o porque una idea esté bien planteada ― pudiendo, por qué no, ser una idea abominable; lo que hará malo a un texto en cuanto a hecho literario no será el cantar las bondades de ser un sacamantecas o un imbécil; o elogiar como virtud cardinal la lujuria o como paradigma de la belleza a bueno, alguien feísimo ―, o porque esté plasmado en él con claridad lo que el que lo redacta quiere plasmar, o porque aun albergando serias dudas de ser 1 busco en internet y veo que ya existe una web que se llama “literatura abstracta” sí que ya existe y, la mía, pues se llamará como se llame, pero será diferente y será mía. Introspección (o algo así) capaz de precisar qué es lo que quiere plasmar se las ingenia para reflejar, con no menor claridad, cuáles son sus dudas o qué ignora o desconoce acerca del tema que lo ocupa. Puede ser válido también cuando estando francamente mal escrito su contenido ético o moral esté siendo irreprochable. Atendiendo a esta diversidad de consideraciones es como me he resuelto a adoptar como disciplina el escribir, sin pararme demasiado en barras ni dar mucha cancha a la presión ejercida no sé si por mi propia sensibilidad o por mi propio intelecto (sea éste el que sea y llegue donde llegue o donde alcance), todos los días acerca de, sencillamente, lo que se tercie. No será en la mayoría de los casos lo que yo denominaré literatura, o no la literatura (insisto) que yo quiero y busco para mí, pero será incluso en el peor de los casos posibles un rodaje, un no dejar de ejercitarse, un no perder terreno ni dejar de favorecer facultades que, si están ahí, por qué no dejarlas crecer y, sin perjuicio de su libertad, disciplinarlas (en el mejor y menos inquisitorial de los sentidos de la palabra “disciplinar”) y conducirlas, encauzarlas por el camino que yo quiero. El camino que yo quiero es, por poner algún ejemplo, algo en la Línea de Moradas, o de Vacas, o de Nubes, o de Huellas en la harina, o de Velo de silencios, o de algunos de los pasajes... 27 de septiembre de 2010 Oquios
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2402226983880
Legado
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/L/legado.pdf … esa investidura intelectual y filosófica era de bloques de arcilla que trajeron unos extranjeros adolescentes de cordura, de rancia sensatez que circulaba espesa y renegrida por sus venas endurecidas, sarmentosas, y chorreaba goterones grasientos desde los hilos plateados de unas barbas que les conferían un cierto continente severamente denostado por sus compañeros de camino que ignorantes, desconocedores de la penetrante inmadurez representada en aquel destilar de viejísimo saber que les causaba asco, deambulaban de puerta en puerta mendigando unas briznas de azar, o de casualidad, o de un acaso que los acogiera en su seno y los meciera en el magma amable de un olvido soez o inframundano que alejara de sí y de su necedad tan estudiada la pétrea abominación de tanto añejo acuñar ensalzado en el fango. 4 de febrero de 2011 Oquios
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2402226983835
Mayores con reparos
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/m/mayoresconreparos.pdf Allá en mi infancia vendían en los quioscos un cuadernito que se llamaba Cartelera en el que venían, cada semana, todas las películas de todos los cines de Madrid y, al lado de cada título, un número que podía ser 1, 2, 3, o 4. A pie de página podían leerse las equivalencias de los números, qué significaban, y ahí te enterabas de que 1, la película era tolerada; 2, para mayores; 3, para mayores con reparos; 4 gravemente peligrosa. El 1, el 2 y el 4 los entendía yo bien, o me hacía al menos una composición de lugar, pero, el 3… El 3 me traía loca porque me hacía invariablemente preguntarme si quería decir que la película era apta para mayores pero que quien le adjudicaba la calificación no estaba del todo convencido de que debiera serlo o, que también podía ser, que la película era apta para mayores, sí, pero sólo para aquellos mayores que sintiesen unos reparos que… ¿Qué tipo de reparos?, ¿reparos a qué?, ¿ante qué?, ¿frente a qué?... Me inclinaba más por la primera interpretación, pero… ¿y si me estaba equivocando? Y no era lo malo que me pudiese estar equivocando yo, que como era pequeña no podría verla en ninguno de los casos; lo peor era que ellos, los mayores, también podían estar interpretando la calificación erróneamente y, por tanto, acudiendo sin la menor cautela a ver una película que vaya usted o cualquier otro u otra que pase por aquí a saber si iba a ser la película idónea para encajar, ceñirse como el anillo al dedo, con los particulares escrúpulos de tal o cual mayor en concreto. Me asaltaba entonces una terrible zozobra, y me empezaba a picar todo el cuerpo, y me daban ganas de ― venciendo mi timidez ― plantarme en la puerta del cine, con los brazos abiertos cortando el paso a tanto adulto incauto, y ponerme a vociferar exhortándolos a no dar ni un paso más antes de someterse a un minucioso autoanálisis que tras rastrear palmo a palmo su pasado, sus recuerdos, y sus carencias y sus afectos y sus rencores y sus traumas, arrojara sobre sus consciencias la luz necesaria para, una vez en posesión absoluta y completa de sus respectivos “yoes”, saber evaluar con objetividad si lo que se disponían a hacer les iba a beneficiar o a causar un perjuicio cuyo alcance yo, una niña tan pequeña, me sentía del todo incapaz de predecir. Pero no lo hice nunca, por lo de la timidez; nunca lo hice y hube de ver aterrada, en cantidad de ocasiones, cómo incluso mis padres se marchaban tan contentos y del todo inocentes a ver una película que ya veríamos si no terminaba acarreando algún disgusto. Y luego, si a lo largo de la semana ― mis padres iban al cine los sábados por la tarde ― surgía alguna clase de problema y ellos discutían, por lo que fuese, o tenían algún tipo de actitud que me causaba angustia o inquietud, lo achacaba a que seguramente aquella película no había sido adecuada para ellos, que no habían podido interpretarla correctamente ni sabido incorporarla a su sentir sin conflicto porque carecían de los reparos necesarios o convenientes o… Aunque a lo mejor sí que tenían los reparos perfectos para que cualquier otra fuese una suerte que la viesen porque, y también pasaba con frecuencia, había semanas enteras que las cosas iban en casa literalmente como la seda. De cualquier modo yo me quedaba más tranquila cuando pasábamos la tarde del sábado en casa, o nos íbamos los tres a alguna tolerada, o se marchaban ellos solos a alguna de la que yo me hubiese enterado al leer mi padre la reseña en voz alta de que era “gravemente peligrosa” porque, por lo menos, esta era una advertencia lo suficientemente clara y rotunda como para que mis padres, que yo estaba segura de que no eran tontos, supiesen a qué atenerse. 12 de noviembre de 2009 Oquios
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2402226983767
Muy lejos en la distancia
02/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/T/tevi.pdf Te vi, hace muchos años. Te vi, crecer y esperar; te vi imaginar un mundo forjado en el despertar. El despertar de las dudas, el despertar de la búsqueda, el despertar de quién sabe cuántas nuevas, viejas tórridas ambiciones de los hombres, de las mujeres, de los viejos y los niños que se alzaban cada día sobre sus pies de sus lechos, de su soñar, de sus iras, de su despertar sin miras sin horizontes ni alguna sombra en la mañana helada, dormida de azul tendido a lo ancho y a lo largo del mundo en que se bruñían los contornos de un futuro resplandeciente de incautas, arriesgadas, esforzadas, emprendedoras de calmas quietas extrañas premuras por atisbar, aunque pálido, algún remoto barrunto de impensadas siemprevivas ilusiones de a lo lejos, muy lejos en la distancia perfilándose en la cumbre de iridiscencias preñadas de incontables primaveras restallantes de los brotes de tiernos asomos lívidos, pálidos y aun no descritos por los que narrando ensueños, historietas y algún mito, bosquejaran un futuro, un quizás de parcos mínimos asomarse a los saberes de los que acechaban signos de rastros de restos ciertos aunque embozados en limo del embarrar de quién sabe cuántas perdidas partidas de llegadas que se fueron desmembrando en mil quebrantos de miedos y, entre risas, alguna que otra osadía. 21 de diciembre de 2010 Oquios
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2402226983569
Observador y observado
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/A/antecualquier.pdf Ante cualquier circunstancia de la vida una persona puede reaccionar, responder, de maneras muy diferentes en función de un estado de ánimo puramente puntual. Pero cada instante del vivir está ineludiblemente marcado, estigmatizado, por estados de ánimo puramente puntuales. Y no es posible a la persona sustraerse al hecho de reconocerse en todos y cada uno de los “personajes” – por dispares que sean y por más que unos sean de su agrado y a otros los deteste – que ha representado o que, por el contrario (y que también puede ser), la han representado, mostrado con muy distintos y variados perfiles frente al posible espectador que, a su vez, la observará desde el personaje puramente puntual que le está representando o está representando él. ¿Y cuál es la autenticidad, la identidad única y unívoca, tanto del observado como del observador? Una actitud, una forma de comportarse y de reaccionar o la contraria ¿Cómo puede dictaminar nadie con objetividad y desapasionamiento absolutos cuál es la más idónea, la que mejor se adecúa a la situación que la desencadenó? ¿Cómo podemos saber cuál es nuestro verdadero yo? 15 de diciembre de 2017 Oquios
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2402226983507
Por qué no
02/22/2024
Afrodita/Alicia
https://valentina-lujan.es/P/porquenodar.pdf − ¿Por qué no darle tregua a trágala que engulle torpe desidia? − Y cuartelillo al asco que la vomita. – Por qué no dar la espalda al qué que guía a las leguas perversas a la porfía. – Por qué prestar oídos a quien incita a despertar rencores que lo rediman. – Por qué no estimar justo que cada vida descubra con sus pasos su propia vía. – Por qué el ir a la mano de quien se obstina en buscando hacer daño cavar su herida. – Por qué sentir desprecio por quien desprecia el bien vivir sin lastres de iras y envidias. – Por qué sacar del fango a alguien que regocija revolcarse en el fango de su pocilga. – Por qué afligirse por el feliz esclavo de su malicia. – ¿Por qué renunciar? – ¿Por qué perseverar? – ¿Por qué porque sí? – ¿Por qué porque no? – ¿Quizás porque tal vez? – ¿Tal vez porque quizás? 3 de junio de 2016 Oquios
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2402206967145
Doña Merceditas
02/20/2024
El vejete del descansillo
http://valentina-lujan.es/G/donamerceditas.pdf “Doña Merceditas” para todas las demás niñas y para todas las demás madres. Para Ernestina no porque hasta donde le alcanzaba la memoria Mercedes había sido como de la familia… o más aun; más aún porque las tías, las hermanas de papá y de mamá, como auténtica familia que eran tenían entre sí sus diferencias, sus desacuerdos, sus pequeñas rencillas y envidiejas arrastradas desde la infancia por cuestiones tan tontas como que el abuelo este o aquella abuela ya paterno o materna o viceversa había querido más, mimado más o elogiado más los encantos, las habilidades, las gracias de Remedios o de Bárbara que la seriedad, el aplomo o la sensatez de Loreto o el sentido de la puntualidad de Florita… Y eso nada más en cuanto a hermanas, las unas con las otras, que en cuanto a cuñadas las cosa se complicaba más si cabe porque Aniceto, el tío Aniceto, había que estar de acuerdo y se estaba, era un dechado de bonhomía pero, ella, Melinda… Papeles
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2402206965448
Un par de semanas después
02/20/2024
Carmela
https://valentina-lujan.es/alicia/unpardesem.pdf por culpa de un cliente de la empresa constructora — no del apartamento sino de la que tenía empleado al físico — que, molesto porque la reforma de un cuarto de baño no había quedado a su gusto y aseguraba además que lo habían estafado colocando materiales de ínfima calidad a un precio carísimo, la denunció, a la empresa, más que por el asunto de la estafa por saber, de buena tinta porque era periodista y tenía además una cuñada que trabajaba en inmigración, que el dueño, el empresario, se dedicaba a la economía sumergida y que ni el físico ni un ingeniero de caminos (que también trabajaba en la empresa, éste de fontanero) tenían contrato ni papeles. De modo que fueron despedidos ambos y, al verse privada la pareja del sueldo que ingresaba el polaco, tuvieron que dejar el apartamento tan bonito porque los ingresos de la fisioterapeuta no alcanzaban para pagar el alquiler y mantenerse sin tener que recurrir a la madre de él que llevaba una vida desahogada regentando — gracias a Lola, tan ocurrente y bien dispuesta siempre a sacarme de apuros aunque (y eso no sé si podré alguna vez perdonárselo) cuando lo de la boda me dejase plantado con el hojaldre de los volovanes ya hecho y el relleno en la nevera — un local de alterne al que acudían, también de la mano de Lola , caballeros de la alta sociedad y al que yo, atascado y por salir del paso, me quise acoger como quien se agarra a un clavo ardiendo pero, no sé si porque como soy un poco tímido (y a la vista de un vestíbulo tan fastuoso con lámparas y porcelanas que no voy a pararme a describir habida cuenta de que mi objetivo es muy otro) me pareciese un lugar demasiado distinguido para un “chupatintas de mierda” — como dijo mi amigo, no recuerdo ya cuándo ni dónde pero sí que no le gustaba y que quedaba mejor que lo dijera yo, que por eso lo digo — o porque Sonia me pudiera echar el alto escandalizada y alegando la presencia de los niños, no me resolví a adentrarme más allá del umbral si bien, por justificarme ante mí mismo sin tener que admitir mi incapacidad para el relato erótico, me dije que para qué complicarme la vida y meterme en faena si lo más probable era que, por una razón o por otra, las páginas que salieran de aquello no llegaran a ver la luz. Versaciones
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2402186954197
Caminos más convencionales
02/18/2024
Clemencia
https://valentina-lujan.es/C/caminos%20mas%20convencionales.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo , regresando ― mientras el señor Ramírez tomaba la merienda que su esposa le sirvió en una bandejita ─ al Cofee & Shop de mis desdichas y tan infausto recuerdo donde creí, me pareció, verla con sus botas con vueltas de piel dejando, para ocasión más favorable que a saber (tan caprichosos como se muestran a veces los designios del destino) si alguna vez volviera a presentarse, el juego tan prometedor de los pequeños engaños o ― caso de que mi ego, mi indomeñable instinto creador se rebelase y eligiera, abandonando todo buen propósito de humildad y de prudencia, tirar por lo alto ― de las grandes falacias tan pésimamente expresadas por el “adorable querubín” de marras para intentar, con poquísimas ganas de andarme con contemplaciones ni prodigar sonrisas o requiebros, hacer las paces como quien se agarra a un clavo ardiendo con la camarera que tan poquito interés había mostrado en, con una frase sencilla y así como que de pasada mientras se hacía la entretenida simulando limpiar la mesa de al lado pese a que en verdad hasta yo me daba cuenta de que se empezaba a hacer tarde, echarme una mano. Y es que, o que me quite la razón si no — que siempre me ha parecido una frase ciertamente chocante, porque cómo puede nadie quitarte lo que no estás teniendo — cualquier lector versado en ficciones si es que yo no la tengo, un personaje secundario puede, muchas veces, hacer un papel del todo brillante e imprimir un giro de ciento ochenta grados (hay personas que dicen “trescientos sesenta”, pero que se fijen un poquito, por favor, y vean en qué posición se quedan) a los acontecimientos. Pero a esta camarera mía no parecía que le sedujera ser un personaje secundario; creo más bien que utilizaba su trabajo como anzuelo con la esperanza de que un día entrara en el local un tipo que la descubriese como actriz, o cantante o modelo. Versaciones
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2402186951899
Los caminos de Eloy Acuerdo
02/18/2024
Primitiva
https://valentina-lujan.es/N/caminosmas.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo, regresando ― mientras el señor Ramírez tomaba la merienda que su esposa le sirvió en una bandejita ─ al Cofee & Shop de mis desdichas y tan infausto recuerdo donde creí, me pareció, verla con sus botas con vueltas de piel dejando, para ocasión más favorable que a saber (tan caprichosos como se muestran a veces los designios del destino) si alguna vez volviera a presentarse, el juego tan prometedor de los pequeños engañoso ― caso de que mi ego, mi indomeñable instinto creador se rebelase y eligiera, abandonando todo buen propósito de humildad y de prudencia, tirar por lo alto ― de las grandes falacias tan pésimamente expresadas por el “adorable querubín” de marras para intentar, con poquísimas ganas de andarme con contemplaciones ni prodigar sonrisas o requiebros, hacer las paces como quien se agarra a un clavo ardiendo con la camarera que tan poquito interés había mostrado en, con una frase sencilla y así como que de pasada mientras se hacía la entretenida simulando limpiar la mesa de al lado pese a que en verdad hasta yo me daba cuenta de que se empezaba a hacer tarde, echarme una mano. Y es que, o que me quite la razón si no — que siempre me ha parecido una frase ciertamente chocante, porque cómo puede nadie quitarte lo que no estás teniendo — cualquier lector versado en ficciones si es que yo no la tengo, un personaje secundario puede, muchas veces, hacer un papel del todo brillante e imprimir un giro de ciento ochenta grados (hay personas que dicen “trescientos sesenta”, pero que se fijen un poquito, por favor, y vean en qué posición se quedan) a los acontecimientos. Pero a esta camarera mía no parecía que le sedujera ser un personaje secundario; creo más bien que utilizaba su trabajo como trampolín con la esperanza de que un día entrara en el local un tipo que la descubriese como actriz, o cantante o modelo. Fin Que, sí, salió bastante airoso del atolladero en que se vio de tener que recoger el testigo y sacar adelante el trabajo que no pudo continuar el bajito; pero la señorita Benilde le dijo que ella lo sentía pero que el testigo estaba protegido por la palabra que, al verlo tan afligido por tener que ir a cortarse el pelo tan de improviso a mitad de la evaluación, ella le diese de encargarlo a uno alto, para compensar su ausencia. El de los granos le quedó tan agradecido que, se cuenta, fueron desde entonces amigos inseparables. Papeles
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2402176950741
Nota preliminar a las versaciones de un chupaplumas
02/17/2024
Mario Zurita
https://valentina-lujan.es/alicia/verchupanotpreli.pdf Le dije que exageraba. Que yo nunca… Me había pedido años atrás y al cabo de unos cuantos sin vernos que le hiciese un favor de suma importancia para él, y ahora — quiero en realidad decir entonces, cuando nos encontramos y estuvimos hablando del asunto —, una vez hecho el favor, me reprochaba no sé qué deslealtades y me culpaba de haber traicionado nuestra amistad. Entonces fue cuando le respondí exageras, y él con muy malos modos replicó no exagero en absoluto. – Claro que sí. Lo que pasa es que cada cual recuerda las cosas como le conviene. – ¿Me conviene; me reporta algún tipo de felicidad o beneficio el recordarlas como fueron? – ¿Cómo fueron? – Lo sabes perfectamente. – Eso es verdad; con tanta claridad que te cuento si quieres, punto por punto y palabra por palabra, qué pasó y de qué hablamos. Y como se quedó callado mirando el cenicero con gesto hosco, di por hecho que asentía y empecé a hablar, desde el principio; desde el principio aunque — entendiendo que había supuesto igual que yo que, no teniendo ya temas comunes de que hablar después de tanto tiempo, nos limitaríamos a cruzar algunas frases huecas en aquella acera abarrotada de la Carrera de San Jerónimo y seguir cada cual nuestro camino — me salté el saludo y un par de trivialidades referentes al tiempo, por cierto, muy lluvioso. – Tampoco te contaré — dije —, puesto que tú mismo podrás recordar un cenicero lleno y dos paquetes de tabaco vacíos iguales que estos —, que nos habíamos equivocado los dos. Omití asimismo que al cabo de un rato recibiendo empellones de los que caminando con prisas y paraguas abiertos proferían improperios o algún seco perdón dedicándonos miradas hostiles, ahí estábamos: sentados a una mesa de un Cofee Shop y departiendo, amigablemente, como cuando éramos amigos inseparables. – Y, como entonces — hablé al fin, contemplando recuerdo las partículas de polvo suspendidas en un rayo del sol, cegador casi, de aquella mañana de verano radiante —, tu conversación giraba en torno a lo que había girado siempre. Y como entonces yo trataba de seguirla preguntándome, como me había preguntado siempre, por qué era precisamente a mí a quien elegías sabiendo que en una cuestión tan importante para ti, y que tan por completo te absorbía, jamás había podido ayudarte. – Porque, vamos a ver — te preguntabas, le dije, me decías, angustiado ante la amenazante impavidez del papel en blanco; lo cual era un desperdicio lamentable porque mi sensibilidad fue siempre nula hacia el lenguaje literario — ¿Qué puede escribir alguien a quien ni gusta la novela ni sabe abordarla, ni se considera capacitado para escribir un ensayo ni, menos aún, posee los conocimientos suficientes de alguna materia como para que no lo paralice el pudor a la hora de exponer y desarrollar cualquier tipo de teoría? – ¿No te gusta la novela, después de toda la vida intentándola? – Por eso precisamente: estoy harto. No sé abordarla, termino de decírtelo; he empezado varias y me pierdo, no sé estructurar un argumento... divago, me confundo... – Pues con ese panorama lo tiene chungo alguien — dije, mirando distraído las botas mojadas de una joven, con vueltas de piel —; pero si ese alguien no se puede quitar de la cabeza el ser escritor, a mí me parece que la novela no puede ser muy difícil. – Eso es lo que tú te crees — Gruñiste. – Pues el ensayo — sugerí, y traté de animarte —: El ensayo no puede resistírsele demasiado a alguien que como tú sabe enlazar frases hábilmente, y plasmar sensaciones o sentimientos de forma en cierto modo filosófica, pero accesible y muy cercana...O eso oí asegurar alguna vez a amigos, de esos que entienden... – No. – No te digo un tratado sesudo; sólo un ensayo. – Que no. – ¿Por qué? – Porque... — Recapacitaste un momento y, entornando un ojo, preguntaste —: ¿Cuánto se ha escrito en torno a Don Quijote, por ejemplo? – Mucho, supongo. – Muchísimo — Abundaste — ¿Pero para decir qué? – Ya sabes que yo... – Pues cosas tales — hablabas mirando, con cierto interés, a la joven de las botas; que estaba dando un beso en la mejilla... Versaciones
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2402176946126
“en el número 8 de esa guarrería de intento de índice que lleva usted”
02/17/2024
Yo, el que ordena papeles
https://valentina-lujan.es/papeles/enelnumerocho.pdf Y lo coloqué, sí, como ella me dijo, en el número 8, y, lo recuerdo perfectamente, bajé a continuación ilusionado al trasterillo para, decepcionado y de mal humor, volver a subir para telefonearle informándola de que la llave no servía. Y la llamé, sí, y dejé sonar el teléfono un buen rato pero nadie contestó. Nadie contestó y me quedé allí, sentado y mirando aquella llave absurda, es decir, esta llave, esta llave y preguntándome a mí mismo cómo pude estar tan torpe para no darme cuenta nada más verla de que más que de un cuarto trastero parecía de un mueble antiguo cuando, sobresaltándome, sonó el teléfono. Era ella. Ella muy contenta, riéndose tan festiva y desenfadada como siempre y diciendo que qué torpe había estado. – Sí, muy torpe — respondí con sequedad. – Si, ya, mucho, muchísim…— una nueva carcajada no la dejó terminar la palabra. Y, tras el chasquido del mechero y un suspiro y un cambio en el tono de voz, que pero claro, tenía que bajar. – Y bajé — yo, con no menos sequedad antes —, pero la lla… – me llamó, sí; imaginé que sería usted; pero estaba tan absorta recordando, pensando que quién iba a pensar que… ¡Después de tanto tiempo! – Eso mismo pensé yo, que quién iba a pensar que usted no iba, después de tanto tiempo, a darse cuenta de que… – Pues, sí, no me la di, ¿qué quiere que le diga?, ¿qué soy tonta? – No aspiro yo a tanto, pero sí… – Pues se lo digo. Soy tonta. Tonta por no habérmela dado en un primer vistazo, sí. Pero en cuanto me la di me puse tan contenta que le telefonee para dec… – ¿Me telefoneó? – Sí. Pensando que lo alegraría el saberlo; pero, claro, usted estaría ya en el trasterillo. – Ya ¿Y de qué sirvió? – Pues de mucho ¿Se imagina cuantísimo me alegró, emocionó encontrarla? – ¿De verdad la ha encontrado? – De verdad. Se lo juro. – Pues, en tal caso — sin abandonar yo mi sequedad ni el tono cortante —, tenga la amabilidad, por favor, de enviármela y, a ser posible de inmediat… Ah, un momentito, que están llamando a la puerta. Y fui a abrir, y allí estaba otra vez el jovencito de los auriculares explicando, un poco apurado, que era nuevo en la empresa de mensajería y pidiendo disculpas porque se había confundido de llave. Y así quise contárselo, a ella, nada más irse el chico; y pedirle perdón por haber estado tan antipático. Pero no me dio tiempo a abrir la boca porque ella se adelantó, con su risa de siempre y diciendo pobrecillo, era nuevo, y usted tan enfadado e imaginando, seguro, que era un zángano. Y que pero que bueno, ya está todo arreglado. Y que atendiendo a sus deseos ahí se la he mandado, la página con el recorte del baulito de la 10 del número 1 de esa guarrería de intento de índice que lleva usted. – Pero ya se lo he advertido, acuérdese — añadió —, que hay que bajar hasta abajo, con el cursor hasta abajo del todo, y ahí la verá. Y, ah dijo también, no se olvide de poner también estas también en su índice. Y quise hacerlo sí, en el número 9 para llevar un orden; pero estaba ocupado y me bajé — o subí — a este 45 que por pura casualidad encontré libre. Papeles
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2402156939261
Pero a la vista de que las cosas se complicaron
02/15/2024
Tío Gonzalo
https://valentina-lujan.es/alicia/ycuandoquise.pdf y de que, cuando quise reconocer honestamente y asumiendo toda mi responsabilidad que todo había tenido lugar en mi imaginación y sólo en mi imaginación y en ninguna otra parte y sin la intervención de nada ni de nadie más, ya no podía echarme atrás porque estábamos ― dijo mi amigo ―frente a unos hechos consumados y ante una situación que no tenía ya vuelta atrás por más que todos los implicados se mostraran deseosos de colaborar y se ofreciesen, como sin duda se ofrecerían, a rectificar o desdecirse o hacer cualquier cosa — “lo que haga falta”, dirían, dijo, y que parecerían sinceros — que posibilitase el que “nuestras vidas” se reencauzasen y adquirieran una cierta apariencia de verosimilitud que les confiriese el halo de respetabilidad con que los “seres racionales”— “porque racionales sí somos, ¿verdad?, aunque no del todo razonables” — anhelan perdurar en la memoria de las generaciones venideras que escapaba a nuestra capacidad creativa el ignorar, me vi obligado a seguir adelante, como fuese, porque, me explicó también mi amigo, por mucha honestidad y responsabilidad que quisiera echarle yo a la cosa, lo de que todo había tenido lugar en mi imaginación y en ninguna otra parte no se podía sostener, en modo alguno, sin correr el riesgo, inasumible a las alturas en que se encontraba nuestra historia, de que la noticia cayese como un jarro de agua fría en los ánimos de todos los que resultarían damnificados al verse suprimidos de un plumazo y, sobre todo, dijo, “del que de ninguna manera puedes prescindir es de Ramírez” porque, me preguntó “¿sabrías tú sacar adelante todo este lío que nos traemos sin Ramírez?”. Y que, aunque mediante alguna argucia que ya pensaríamos, pudiéramos salvarlo de la destrucción y mantener que él no, que él no había sido un personaje imaginario, dudaba él (mi amigo) mucho, de que un Ramírez afligido, destrozado por el dolor de haber perdido hijos, padres y esposa, pudiera seguir siendo tan ingenioso, tan imaginativo y tan resolutivo como lo diéramos a conocer a nuestros lectores aquel día en que Gutiérrez se nos marchó de vacaciones. De modo que, atenazado por la angustia (desde luego), escribí, ahí, en ese renglón de más abajo, a mano derecha… Continuará ... Dijo él, también, que diría Sonia, y que me pareció ― a mí, de verdad, que eso no lo dijo él ―, o quise creer, que al pronunciarlo, que al decir ella “nuestras vidas” me estaba incluyendo; y eso... ... Y emitió Sonia, al preguntar, una risita ... ... O regresaré – si es que soy capaz de encontrar el camino de vuelta – a mi casa, con Indalecio, y una vez allí... Versaciones
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2402156935416
Dejar las cosas como estaban
02/15/2024
Don Cesáreo
http://valentina-lujan.es/alicia/quefpapondif.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo, regresando como integrante de uno de los grupos ― mientras el señor Ramírez, en el otro, merendaba el vaso de leche con galletas que su esposa, tan ocupada que tuvo que decirle que no tenía tiempo de acordarse de Einstein pero que, le prometía, tan pronto tuviese un momentito se acordaría de él, o de Mendeléyev o de Max Planck o de cualquier otro científico (o literato, o pintor, o astronauta o ciclista) que él le pidiese ― de personas, tantos como hay por el mundo y de tantas personas, regresando de las puertas de las que, por debajo, alguien ha deslizado un sobre, sin destinatario ni remite que, ahora, de regreso al punto y lugar del que partieron, llevan en las manos preguntándose, absortos, por qué ha de ser con ese sobre y no con cualquier otro objeto, con el que tienen que devanarse los sesos discurriendo cómo continuar con un relato en el que ― a elegir, ya metidos en problemas (y que dicen, los que no los tienen, que intentando resolverlos se ejercita la imaginación) ― o han perdido el hilo o se han atascado. Y yo, como las desgracias nunca vienen solas ― y que no entiendo yo por qué tienen que ir en pandilla, como las colegialas de excursión, cuando una sola, sin uniforme ni horario lectivo ni respeto hacia la profesora que quiere instruirla en ser una desgracia fuera de lo común y memorable, se las apaña estupendamente para amargar la vida a quien se le presenta o, dicho con más propiedad, a quien se presenta ella, así, de buenas a primeras, con desenvoltura y desparpajo encantador sin ni haber te deferencia de avisar ―, sin Lola, y sin mi amigo, y sin mi madre, y sin mi tía, y sin Indalecio y sin Manolita y sin, ni siquiera, la camarera antipática dándome a entender, con mucho golpear de sillas patas arriba sobre las mesas, que vaya ahuecando el ala porque es hora de cerrar. Así que, careciendo de excusa y no teniendo apoyo moral sobre el que sostenerme (y que pueda él soportarme aunque sea mal), no tengo más remedio que seguir llenando páginas porque esa es (no sé quién lo dice porque estoy completamente sólo y aquí, en mi escritorio, sin saber qué escribir) la misión, insoslayable, única y casi diría (ya digo que no sé quién) sagrada del escritor por más que, una y mil veces, pierda el hilo o se atasque, como una maldición, o, bueno, dos. Versaciones
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https://valentina-lujan.es/felipe/vercapiprime.pdf Este primer capítulo podría comenzar diciéndose cómo la puerta se cerró con lo que — si no fuera por temor a incurrir en la deslealtad hacia el lector de tratar de mediatizarlo haciéndole concebir la idea de una Lola que, entendemos, no tenemos derecho ninguno a proporcionarle al objeto de no obstaculizar su propia elaboración del personaje — cualquiera que la conociese hubiera denominado “la inveterada suavidad con que se cerraban las puertas cuando era Lola quien las cerraba” y que yo, que quizás por no haber hablado todavía con mi amigo de las indicaciones que dejando a medio limpiar el polvo del respaldo del sillón me diera bajo el argumento de que al no ser ella de la profesión aportarían un toque de originalidad a mi trabajo no me percaté del móvil, corrí a abrirla de nuevo para preguntarle qué apuntes eran esos; pero que como ella no estaba ya en el descansillo la cerré de nuevo y que, no queriendo echar a perder la mañana atascado por algo que debía de ser puramente anecdótico habida cuenta de que yo no había oído hablar de ese hombre en mi vida, coloqué un folio nuevo en la máquina y traté de aplicarme a zanjar, de una maldita vez si era posible, un viejo dejar las cosas como estaban que se empecinaba en resistírseme so pretexto de que, por alguna razón que ya no recordaba, estaban difíciles. Podríamos continuar con que empero o sin embargo y llevando escritos apenas cuatro renglones mi propósito inicial se vio abortado cuando hube de levantarme para acudir a contestar el teléfono y con que, si continuásemos — que no vamos a continuar porque estamos hablando de cómo pudieron ser las cosas que no fueron —, al enfilar el pasillo sonó también el timbre; y decir que dudé, recuerdo, a qué atender primero y que me decidí recuerdo también por la puerta aunque no llegué a abrirla porque en el suelo encontré un sobre pero al mirar por la mirilla no vi a nadie; y que retomé con él en la mano el camino hacia el teléfono y que, cuando contesté, ella, sin saludarme siquiera — pero entendiendo yo que no lo estaría considerando necesario puesto que sólo hacía unos minutos que se había marchado —, me espetó en tono muy vivo un escueto “¿lo ha encontrado?”. Hubiera yo sin el menor empacho podido responderle que sí pero que “pero”; y nos habríamos colocado, tanto ella como yo aunque cabiéndome el mérito de haber sido el que diera pie al desarrollo de los acontecimientos, frente a la situación — tan en exceso explotada por tantos escritores que ya no causa sensación a lector alguno por tan enteramente previsible — de mantener un diálogo completamente absurdo basado en la errónea interpretación que ella diese a mi “sí” dando por hecho que yo me estaba refiriendo al destornillador por el que en realidad ella me estaba preguntando y replicando, a su vez, que habida cuenta “de lo torpe, y perdone, que es usted para todo lo que tenga que ver con la tecnología” le parecía del todo prodigioso. Y que me felicitaba. Pero, ya digo, proceder de ese modo nos daría la sensación de estar echando mano de un cúmulo de lugares comunes; de modo que no vamos a hacerlo o, yo por lo menos, no voy a hacerlo (y creo que ella con sus ideas innovadoras estaría de acuerdo caso — que no va a darse por cierto y porque al no ser ella de la profesión qué necesidad tendría de verse involucrada ni embargada su atención en una forma de hacer de la que no tengo yo seguridad de que fuera justo ni necesario el hacerla partícipe — de tener noticia del cambio de rumbo que he decidido implementar en este primer capítulo de este nuestro ambicioso proyecto) antes de estar absolutamente seguro de que no somos capaces, entre todos, de encontrar una solución que nos permita salir con la cabeza alta del embrollo... ... De este posible capítulo primero de las aún en ciernes Versaciones de un chupaplumas cuyo texto se compone de 7 páginas que contienen: Palabras 2.725 Caracteres (sin espacios) 12.141 Caracteres (con espacios) 14.919 Párrafos 51 Líneas 237 (No se incluyen cuadros de texto, ni notas al pie, ni notas al final). Detalles todos ellos que se hacen constar para que no sea, este susodicho posible primer capítulo de las antedichas en ciernes Versaciones de un chupaplumas cuya seña de identidad es la primera oca de agua enmarcada en distintivo consignado como marquito p1, confundido con ningún otro capítulo primero de ninguna otra de las distintas versaciones de los diferentes chupaplumas que, esté el tal capítulo llevando ésta o cualquier otra oca no importa con qué distintivo, hayan podido, estén pudiendo o puedan en lo sucesivo plagiar las únicas y auténticas versaciones verdaderas de este chupaplumas verdadero, único y auténtico.
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2402106893810
Mantenerse sin tener que recurrir a su madre
02/10/2024
Doña Uli
http://valentina-lujan.es/alicia/mantenerse.pdf a su madre, la de ella, viuda para entonces del pederasta y heredera de la no pequeña fortuna que dejase al morir un tío paterno al que ella, la madre, no había conocido jamás porque se había marchado a Sudamérica cuando ella era apenas una niña; y allí se había casado y tenido hijos que, desafortunadamente, habían fallecido todos, junto con la esposa, en un terremoto y por eso el tío al morir se lo dejó todo en el testamento a la sobrina que, sí, tenía más hermanos, pero no eran sobrinos del emigrado porque éste y la madre eran hijos, a su vez, de diferentes madres, y por eso ella, la de la fisioterapeuta, se convirtió en la heredera universal de todos los bienes de “el brasileño” que es como le llamaban en la familia cuando alguna vez lo nombraban aunque donde en realidad se había asentado era en Guyana y allí, nunca supo la familia cómo conseguiría el dinero porque se había embarcado de polizón con lo puesto en un trasatlántico que zarpó una mañana de primavera rumbo a Argentina, había comprado una mina de bauxita que al ser materia prima y muy esencial, como todo el mundo sabe, en la industria del aluminio lo había hecho rico a causa de lo muy demandado que, aparte de para la fabricación de persianas y de aviones, llegó dicho elemento a ser cuando se abandonó la costumbre, tan nociva, de envolver los bocadillos en papel de periódico pero, sobre todo, con la aparición del tetrabrik. Fin Versaciones
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2402106893728
Dejar las cosas como estaban
02/10/2024
Un hombre no descrito
https://valentina-lujan.es/alicia/quefuepar.pdf que fue, para ponerlas más difíciles por si no lo estaban ya bastante, exactamente lo que hice retrocediendo, regresando como integrante de uno de los grupos ― mientras el señor Ramírez, en el otro , tomaba la merienda que su esposa le sirvió en una bandejita ─ al Cofee & Shop de mis desdichas y tan infausto recuerdo donde creí, me pareció, verla con sus botas con vueltas de piel dejando, no por olvido como entonces el paraguas ella sino inocentemente y en la seguridad de que a la vuelta me lo encontraría todo tal y como quedaba, la carpeta con los papeles abierta sobre la mesa y expuesto ─ el hecho ─ con toda la ingenuidad y absoluta falta de doblez con que se muestra. Yo había considerado la eventualidad de que aconteciese, porque por qué no, alguno de esos accidentes ─ o incidentes, mejor, habida cuenta de que ni esperé ni deseé en ningún momento que la situación tuviera ni mucho menos que llegar a ser calificada de “crítica” o “extrema” ─ domésticos que, ya por la ruptura de la inercia que por sí mismos y pese a su tan frecuentemente extrema pequeñez acarrean, ya porque como suele suceder en tales casos se enzarzara la familia en una discusión acerca de quién de entre todos los presentes había sido el culpable, forzase a que la atención del observador se desviara y, ahí, en ese pequeño revuelo dirimiendo si el café con leche lo derramó sin querer el abuelo o adrede ─ y porque yo no le fuera simpático o tuviese ganas de hacer enfadar a la abuela, por chinchar, simplemente ─ el menor de los nietos, aprovechar yo la coartada para alegar ante mi amigo que qué lástima pero y mira que lo lamento en el alma los papeles habían quedado del todo ilegibles... Pero a la vista de que las cosas se complicaron y de que, pese a lo complicadísimas que estaban, yo no me podía presentar frente a mi amigo, tan anhelante por celebrar mis progresos, sin algo medianamente enjaretado opté por, anhelante yo a mi vez por evitar que me tildase de tonto, renunciar a tantas estúpidas maquinaciones y continuar, sí , pero por caminos más convencionales. Versaciones
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2402106893490
Nota para un azucarero*
02/10/2024
Risita Ahogada
https://valentina-lujan.es/Z/Notas.pdf Porque Fhbeaoh, lo habrá comprendido todo el mundo que que se haya movido por nuestro mundo un poco, no tenía conocimientos tecnológicos; ninguno los teníamos, éramos, como dijo Nufñre un domingo por la mañana mientras desayunábamos “demasiado primitivos”, y, suspirando con resignación, “que alguien me pase el azucarero, por favor”, y que fuéramos espabilando y “acicalándoos” — que lo dijo así, tan ella — porque, dijo también, se nos han pegado las sábanas y si no andamos listos no vamos a llegar ni a misa de doce.
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2402106893070
Por su culpa
02/10/2024
Chico guapo vestido de domingo
https://valentina-lujan.es/alicia/porsuculpa.pdf que en su opinión es casi siempre por la mía de manera que, como en esta ocasión no tenía por qué suceder nada excepcional, fue exactamente lo que hizo aquella mañana que tuve que quedarme en casa porque me levanté con vértigos y, mientras movía con la cucharilla el poleo que me había preparado, volvió a la carga de que si es que yo me había creído… – ¿Que soy tonta, o qué? – Ya se lo expliqué, Lola — respondí con voz mortecina y los ojos cerrados, postrado en el sillón de orejas y rígido, sin poder mover la cabeza porque me ponía a morir —; llegué tarde y cansado sin ganas más que de tomar un yogur o una fruta y meterme en la cama, y se ve que, distraído… – No me cuente milongas. Lo hizo adrede. – ¿Cómo iba a hacer adrede algo tan absurdo? – ¿“Cómo”, con lo retorcido que puede ser usted cuando se pone? − ¿Retorcido? ¿Yo soy retorcido? ¿Usted no es retorcida? − No — respondió con sequedad, poniendo la comida a Indalecio —; y, esto, se va a acabar. − ¿Hay que ponerse así? — Yo, alarmado. − Casi no quedan pipas. − ¿Las pipas no son de Manolita? − No sé — respondió sin girarse —; me ha puesto tan nerviosa que a lo mejor me he confundido, pero pienso… Y noté en su voz que estaba al borde de las lágrimas. − Vamos, Lola — y no pude evitar ablandarme —; no piense cosas raras. − No pienso cosas raras. − ¿Por qué llora entonces? − Porque lo de retorcida — respondió, secándose la cara con el dorso de la mano — Me ha dolido mucho. No vuelva, por favor, a decirme nunca jamás algo así. − De acuerdo — yo —; pero, usted, y también por favor, no vuelva nunca más a hacerme baklava con pistachos. − ¿A qué viene ahora eso? − ¿No le he dicho jamás que los detesto? − Nunca. Ni sé qué es baklava, ni había oído esa palabra en mi vida. − Bueno, pues a lo mejor nunca ha surgido el tema. Pero detesto los pistachos. − ¡Y dale con los pistachos! ¿Qué tengo yo que ver con no sé qué pistachos? Además — vuelve a ponerse un poco tirante —, sé perfectamente que he dicho pipas. − Vale, Lola, pipas; pero el postre lo hizo usted ¿O no? − ¿Yo? ¿Cuándo? − El día de la ratatouille, ¿no se acuerda? − ¿Acordarme? ¿Acordarme cuando no tengo ni idea de qué es ratatouille? − De acuerdo, Lola; de acuerdo y vamos a dejarlo. Pero, por favor, no más pistachos. − Sí, mejor lo dejamos; que me está volviendo loca con tanto disparate — y, caminando hacia la puerta —. Ahora tengo que marcharme. Y con la puerta del despacho ya abierta se giró y: − Pero tenía que decirle que pienso… − ¡Lola! ¿Otra vez con eso? − Otra vez, dice, cuando hace meses que lo compró por última vez. Y que tampoco quedaba. Y que pipas apenas para un par de días. Versaciones
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2402106891373
Un pequeño apartamento
02/10/2024
Una adivina
https://valentina-lujan.es/alicia/unpequeapar.pdf situado en una zona muy agradable, amueblado y muy bonito, pero al que hubieron de renunciar apenas un par de semanas después y en plena efervescencia de su amor nacido no estaría haciendo más de un mes, cuando lo de las copas, y buscar una habitación en un piso compartido con las cajeras y un músico que, ese sí, no daba más ruido que el de su batería ya que era un muchacho muy serio y vegetariano, muy educado y bastante retraído, que ni fumaba ni bebía y, como le decía una de las cajeras, “¿y tú te piensas que vas a ser un Jimi Hendrix o un Lou Reed sin ni beber ni drogarte ni nada?”. Así que el músico, que era muy limpio y muy ordenado y fregaba el baño cuando le tocaba y no utilizaba la cocina porque se alimentaba de frutos secos y de hojas de lechuga o de algún tomate que tenía en su cuarto, no era en absoluto culpable de las constantes escandaleras que se organizaban en el piso ni fue el causante de que ella, la fisioterapeuta, decidiera mudarse porque, para entonces, ya había sido él mismo, el músico, el que se marchó porque la otra cajera — no la que le dijo lo de Jimi Hendrix y lo de las drogas sino la otra — despechada porque le había tirado los tejos y él la había rechazado porque tenía novia, le había puesto una denuncia por acoso . ... Y más que los tejos, pero la fisioterapeuta no se extendió en pormenores por las mismas razones por las que no entró en detalles de lo del padrastro cuando Sonia levantó la mano. Motivo por el cual fue condenado a cincuenta metros de alejamiento, no de la novia, que con la novia se llevaba muy bien, sino de la cajera; pero, cómo el edificio era un rascacielos y los techos eran altos, echó él sus cuentas y vio que otro apartamento que se había quedado vacío dieciséis plantas más abajo le servía perfectamente; y como todavía le sobraban un par de metros y si era necesario podía subir andando caso de coincidir con la acusadora esperando el ascensor, se puso el muchacho tan contento.
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