Perdóname, a mí también me enseñaron que amar era poseer y pertenecer. Tardé mucho en darme cuenta de que era imposible domarte y de que el simple deseo de hacerlo no me hacía digna de soñar contigo. Perdóname, yo también fui juez y censuré tus pechos con pinceladas gruesas. Imagen disponible aquí.
Creative Commons Attribution-NonCommercial-ShareAlike 4.0