Search
public copyright
inscriptions
493 results found for tag:"mis poemas".
  «Carpe mortem, carpe agapem… Tomé con determinación la jeringuilla, empujé el émbolo hasta desahuciar el aire y verifiqué que del bisel de la aguja comenzaba a salir el líquido blanco. Era curioso que, de un utensilio que otras veces había prorrogado mi despedida, esta vez tuviera un fin tan distinto. Aprisioné en mis pulmones bocanadas incontables de aire; había llegado el momento de hacerlo. Lo hice. La clavé e introduje en el cuerpo todo el líquido mortal. Al pollo deshuesado no debió de i
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
  «Nuestro único miedo es a nosotros mismos. Poco más de treinta despertares me quedan. El cómputo es simple si a cada día le atribuyes un amanecer, un cambio de turno entre la luna y el sol en su alternancia celeste. El cómputo se complica si intento medir mi miedo, que surge de la incertidumbre por no encontrar respuestas, después de jornadas buscando argumentos para defender en el Juicio Final –si lo hay– que aproveché mis días, convirtiendo los deseos en hechos y despidiéndome de mi casa, de
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
«El mayor premio es ganarse a uno mismo. Para alcanzar tan elevada victoria, hay que retarse y, cuando no, rastrear todas las oportunidades para medir la distancia que hay entre nosotros y esa perfección petrificada en el cenit de nuestra existencia, de la muerte. Repasé la lista de deseos y, si en algo reparé, fue en mi ansia por presentarme a un concurso artístico. Consulté en Google decenas de páginas sobre certámenes para jóvenes y radiografié con mis pupilas las bases. Sentí, de súbito, tan
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
Si quieres morir, depende de alguien. Con esta reflexión y otras me desperté aquel lunes, y, además, con un frío que inducía a no apartar la frazada. No pudo ser así, porque, como el péndulo de un reloj, oscilaba entre quedarme en casa o salir a la calle y devorar este tiempo de descuento. Ganó lo segundo. Reconozco que mi principal motivación fue acicalarme para acudir a un programa de televisión vespertino. Admito que, a no ser por ello, habría dedicado el día a descansar, a dejar pasar las ho
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
  En el amor hay que saber cuándo decir adiós. Una infidelidad, una actitud controladora o un distanciamiento mutuo son buenos empellones, fantásticos impulsos, para romper el pacto de intimidad y dejar en la cuneta una relación que nació para morir. De cualquier modo, pocos casos superan el desgaste visto por los prismáticos de solo un par de ojos. Comienzas a preguntarte si existe un futuro a su lado, comienzas, incluso, a fabricar razones torpes para convencerte de que todo va bien, y, al fi
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
Tras lo amargo, siempre se esconde la fórmula de la dulzura. Y es tan difícil encontrarla… The Bucket List me marcó no tanto por el contenido como por el planteamiento de una lista de deseos que cumplir antes de la muerte. Confeccioné el inventario días atrás. Para ello, fue fundamental desproveerme de imposibles y de aspiraciones vagas; concentrarme en deseos concretos también ayudó: saltar en paracaídas, componer una canción, volar en globo, dar rienda suelta a la perversión… Junto a estos des
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
  Descree como Dios manda. Ese es el lema que me acompañó en los meses de nanas y biberones, el que me entretuvo cuando mis amigos acudían a la Iglesia, el que me escoltó en mis aventuras ante las lenguas fisgonas y fariseas, el lema que debía acompañarme hasta la tumba. Pero, con la muerte en los talones, mi sólido ateísmo se derretía a la velocidad de un helado en Venus. Me desperté aquella mañana con la intención de dar un paso definitivo hacia mis creencias, a bautizarme. Vestí a mis cuervo
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
Hagas lo que hagas vas a morir. Que subas o que bajes por la escalera de la vida qué más da, vas a morir. Que gires a la izquierda o a la derecha es inútil, porque todos los caminos llevan a la amada inmóvil. Que hayas sonreído a la vida o que le hayas tirado piedras con ira suprema no cambia nada. Venimos con fecha de caducidad, al igual que los artículos del supermercado, como cualquier ser vivo, que a cada segundo se acerca más a lo fatal. Debemos de llevar la fecha en la espalda para no verl
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
Los pequeños bloques de plástico estaban esparcidos por el parqué. Había tantos, y eran de tantos colores, que el suelo del comedor parecía una piscina de bolas. Las piezas de LEGO estaban aisladas, a sus anchas, sin constituir figura alguna, como si pretendieran aprovechar los ratos de esparcimiento tras una prolongada estancia en una caja de cartón a modo de celda. «Nene, recoge los juguetes», le dijo a Enrique. En vez de inclinarse, la abundancia de bloques lo incitó a agacharse para recoge
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
1412312863751
"LA ÚLTIMA CENA" - Cuento de Navidad
12/31/2014
Un año más al que decir adiós con el gozo engalanado de los grandes acontecimientos y con la angustia, sin embargo, por aproximarnos un poco más a la última cena, la última de verdad, la muerte. Setenta y siete Nocheviejas en la espalda de Manuela y una por delante, con tantas posibilidades como las que ofrece un papel en blanco, pero, tal vez, acabe con el final más previsible. Nueve son los comensales para los que cocina –el gato se excluye del cómputo–. Marisco fresco, gambas de Huelva, gran
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
1412282849304
"LA PRIMERA CITA" (Cuento de Navidad)
12/28/2014
Tomó aguja e hilo rojo, y pespuntó un mensaje en las bragas de la vecina. «¿Cenamos en mi casa, Sandra?», le escribió a golpe de puntadas. Impulsado por la emoción del momento, se aventuró a prescindir del dedal, para desgracia de sus dedos, que sufrieron más de treinta punzadas. Una por cada año de indecisión, una por cada año de vida. Gracias a su abuela había aprendido los entresijos de la costura, además de remendar los retales de su vida cuando la muerte apresurada de sus padres devastó su
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
Agarra la cuerda con fuerza y con las manos frías, terriblemente frías, la sujeta con los pies y comienza la escalada. Recuerda, de inmediato, las ya lejanas clases de rope climbing . De aquellos tiempos, solo quedan los abdominales y los tríceps bien cincelados. El resto, su novia, su hija, su cuenta corriente en alza o el calor de la familia, solo habita en la memoria. Sigue subiendo con ímpetu, pese a la distancia que le separa aún del balcón. En el callejón no hay nadie y la noche le permite
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
  CAPÍTULO 15. LA VIDA PRIVADA Pocos podían jactarse de conocer a Francisco con todas las letras. El conocimiento era meramente superficial y aliñado con prejuicios que distaban millas de llegar a buen puerto, a la radiografía de su espíritu reservado y cabezota, y a su alma valiente y repleta de viveza . Tal vez no atesorara grandes secretos, tal vez sus confidencias fueran anécdotas con las que encoger las dilatadas esperas en la parada del autobús, en cambio, con toda seguridad se podía aseg
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0
First | Previous | Page 25 of 25 | Next | Last
write to us if you want to leave us a message
© 2026 Safe Creative