Un año más al que decir adiós con el gozo engalanado de los grandes acontecimientos y con la angustia, sin embargo, por aproximarnos un poco más a la última cena, la última de verdad, la muerte. Setenta y siete Nocheviejas en la espalda de Manuela y una por delante, con tantas posibilidades como las que ofrece un papel en blanco, pero, tal vez, acabe con el final más previsible.
Nueve son los comensales para los que cocina –el gato se excluye del cómputo–. Marisco fresco, gambas de Huelva, gran
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