Frío en la puerta de la catedral, crepitar de incienso afgano que se quiebra por ser olido sobre su lecho brillante que debió ser oro pero se quedó en plata. Como un regalo con malicia, como un abrazo ciego de ira. Galopa mi buen amigo hasta mi desdicha trenzada de luz navideña, frío y humedad. Galopa por el asfalto y la noche, Galopa de soledad hacia donde los taxis no recogen a los niños llamados Jesús. Silencio en noche vieja, ya no quedan ángeles por la calle, ni borrachos en tu esquina. Un
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