Iba a ser la última vez que lo hacía.
Resultaba evidente, era tan pequeño que las puntas de mis dedos rozaban el sacapuntas cuando lo apretaban para conseguir que no se resbalara de entre ellos al girarlo.
Pero además de eso, sabía perfectamente que había llegado el momento de dejar de usarlo. Las cosas empezaban a ponerse peligrosas y lo que menos me apetecía era acabar encerrada, o aún peor, muerta.
Por fin lo saqué del aparatito con mucho cuidado, lo último que quería era que la punta se p
Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0