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Etéreo
08/01/2016
"No os preocupéis por mí", rezaba el mensaje.
La madre de Dani reconoció aquella letra y se estremeció.
El dedo invisible dibujó entonces una cara sonriente sobre el espejo empañado.
Después, una brisa cálida envolvió a la mujer acariciando sus mejillas, enredándose en el vello de la nuca, reverberando bajo la piel con el eco de una risa alegre; dejando un vacío insoportable.
La madre de Dani salió del baño y se derrumbó sobre la cama intacta de su hijo, con la terrible certeza de que, esta
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