Foto: tienksdb
-No quiero a ningún otro, padre. Quiero a Lester.
-¡Es mi criado!
-¡Le quiero a él!
El rey se marchó airado sabiendo, en el fondo, que era una discusión perdida de antemano.
-¿Quieres a Lester? –pensó-. Tendrás a Lester.
Lo mandó llamar y él mismo lo mató y lo guisó en una inmensa olla.
El día del banquete, su cabeza coronaba una gran fuente de carne y verduras.
Al verlo, la princesa abrió los ojos, horrorizada.
-Es... Lester.
-Feliz cumpleaños, hija –dijo, con sorna.
-H
Creative Commons Attribution-ShareAlike 4.0