Hace milenios el Olimpo fue cubierto por el caos; los dioses se enfrentaron unos contra otros en una lucha constante. La furia y la guerra de los dioses provoco el terror entre los humanos, que presas del miedo dejaron de rendirles tributos y ofrendas.
Ellos eran débiles a la ambrosia que parecía poseerlos, pero el padre de los dioses era inmune a ella, decidido a acabar con aquel mal la descubrió. No era el vino el causante de la actitud de los dioses, si no ella; Eris: diosa de la discordia.
El castigo impuesto a su acción fue el destierro, las puertas del Olimpo se cerraron para ella siendo condenada a vivir entre los humanos.
—Hermano mío—se giro lentamente para enfrentar a su visitante— ¿A qué debo el honor de tu visita, Ares?
Una nueva guerra se acerca.
—Ayudar a nuestro padre o estar en su contra—sonrió—vaya dilema
Un nuevo caos se ha desatado. Los cielos se han dividido; unos quieren imponer de nuevo su voluntad mientras que otros quieren que todo siga como hasta ahora y la única forma de ganar es que la diosa se una a ellos.
¿Qué hará?
Ayudar a su padre le conferiría el regreso al Olimpo, alejándose del mundo humano que tanto aborrece; o no hacerlo, y tener la oportunidad de vengar el cruel castigo que le impusieron.
Una guerra, una diosa y una sola palabra para salvar o destruir a la humanidad: Discordia.
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