Cuando la lluvia cae sobre el pueblo, no solo deja a su paso el petricor, ese usual aroma a tierra mojada, sino que con él también viene alguien, viene un ser que para mantener su existencia necesita de almas inocentes, de niños a los cuales engaña tomando la apariencia física de sus madres, pero para poder entrar al espacio donde éstos se encuentran necesita de la autorización de ellos, una vez que la tiene, no hay marcha atrás, sin importar sus gritos y lamentos los abrazará tan fuerte como solo un ser de otro mundo puede hacerlo, hasta extraer su último aliento y convertir su inerte cuerpo en uno más de su corte de espectros.
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