Todo esto comenzó por un estúpido chico de la escuela, al que se le ocurrió que todos debían tener una cita para el día de San Valentín. Se supone que nos habían mostrado un papel y yo había firmado. Por la firma te daban te daban una cita arreglada para el día de los enamorados. ¡Qué ridículo! y lo peor no fue tener que ponerme un vestido ni nada de eso. Está bien, fue parte de lo malo, pues odio los vestidos. Pero eso no fue todo, si no que me tocó con el. Jamás había conocido a alguien tan grosero, insoportable y poco caballero en toda mi vida, y todo fue por la cena del días de los enamorados.
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