«Por desgracia, una cosa es sentir y otra expresar bien lo sentido» Juan Valera
Se fijó en ella sin parpadear, de porte noble, rostro marmóreo y piel esculpida en la blancor de las estrellas, así apareció, Lucía Palladi, en la gran sala del napolitano castillo dell’Ovo. El esplendor de la marquesa de Bedmar, que bien podría parecerse a un excelso cadáver revivido, una belleza exótica venida a la vida, «la Muerta», como más tarde la llamaría, resplandeció nada más entrar en la enorme estancia. L
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