Tras veinte años como administrativa descubre que su pasión es acompañar a otros en su proceso de crecimiento personal. Para ello inicia un camino de autoconocimiento y desaprendizaje en el que todavía sigue caminando, formándose como terapeuta.
Durante su propio proceso, descubre el acompañamiento al duelo y al moribundo llegando a formarse y trabajar como voluntaria.
Este aprendizaje fue y es vital para lo que vendría poco tiempo después, el acompañamiento al final de vida de su madre.
Como ella dice: «Lo que sabía lo sabía a un nivel mental, la experiencia es la que ha hecho que sea un aprendizaje que ahora está en mi corazón, en mi cuerpo y en mi alma». Desde este lugar surge el propósito de compartirlo a través de la escritura, un recurso que tanto le ha acompañado .
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