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2402257113386
Una receta de bartolillos
02/25/2024
Srailkt
http://valentina-lujan.es/A/Que%20no%20es%20de%20bartolillos.pdf Que no es de bartolillos y para decir toda la verdad ni siquiera es receta porque me equivoqué de caja y no porque no fueran diferentes — ya que una era de mantecadas de Astorga y la otra de pastitas danesas, de esas redondas (la caja, digo, de lata, que las pastitas tienen diferentes formas) y no se parecían en nada la una a la otra — sino porque, como ya he comentado en otra parte (recuerdo vagamente algo de un destornillador y a Mariló, que no logro asociar para qué lo estaría necesitando porque Mariló siempre fue de esas mujeres que se las ingenian para tener un hombre al lado, y ya se sabe que los destornilladores han sido, lo mismo que ocuparse de hacer la declaración de la renta, de toda la vida de Dios cosa de hombres; pero ese es el recuerdo que así al primer pronto se me viene) aquellas cajas, tanto la de mantecadas como la de pastitas, no tenían (que es por lo que digo que está claro como el agua que quien guardara lo que guardase hace mil años en ellas no tenía intención ninguna de volver a buscarlo jamás) ningún letrerito que avisase de qué estaban conteniendo; y abrí sin querer la que no era. Y, bueno, pues que lo que ya se sabe que pasa con esas cosas; que te pones a enredar y remirar entretenida — porque hay que ver lo que embebece el mirar cirindulillos y menudencias que no son de una (porque cuando sí son de una la cosa cambia y se termina por poner nostálgica) —y, entre un y esto qué será aquí y un y pues anda que esto otro allí, terminas tan liada que ya ni te enteras de por dónde ibas pero, ya que estaba, por qué no abrir aquella billetera de piel resquebrajada y medio descosida (no pensando encontrar más que, si acaso, algún billete antiguo de cien pesetas de aquellos que llevaban a Quevedo o a la moza del cántaro de Romero de Torres y que ya no sería ni de curso legal ni valdría para nada) que al principio me pareció de verdad estar vacía pero, luego, repasando aquí y allá los compartimentos, apareció aquel papelillo que, me pareció a mí, que puesto que la verdadera receta de los bartolillos puede conocerla cualquiera y quien no la conozca puede pedírsela a alguna bisabuela — porque es posible que todavía queden en el mundo bisabuelas de aquellas aunque, para que se trate de la receta de la que yo estoy hablando, tiene que ser forzosamente una bisabuela manchega o, por lo menos, del lugar de la Mancha de cuyo nombre no quie… uy, no, que he cogido carrerilla y me he ido a otra cosa; tiene que ser (quería decir) del lugar de la Mancha de donde era la bisabuela de quien guardase (ya no soy capaz de acordarme de en qué caja, con tanto ir y venir) la receta que yo ahora no encontraba pero que había tenido en mis manos alguna vez y que me había llamado la atención porque no era la típica receta de los bartolillos típicos rellenos de crema que se pueden ver en los escaparates de las pastelerías. Y que no es que yo eso lo sepa por propia experiencia ni por haberlos visto ni probado en la vida sino porque, en su reverso llevaba, escrita a mano con tinta (que se veía borroso, por cierto, pues las letras se habían diluido en manchas de grasa debidas, sin duda, a que la persona que en aquel momento estuviese haciéndolos tendría, cosa muy comprensible, las manos manchadas de aceite), la pequeña curiosidad de que una vez hecha la masa se extendía hasta obtener una lámina fina que se cortaba en rectángulos (ponía que de unos quince centímetros de largo y algo menos de ancho) con los que se envolvía trozos de caña; luego esas cañas envueltas en la masa se freían y, con toda facilidad una vez fritos porque entonces la masa se separaba muy bien de la caña, los cilindros (en la nota ponía “canutos”) se pasaban por azúcar y ya estaba, sin ningún tipo de crema ni de relleno ni nada. Así que fue por eso, porque no encontré la receta y porque me pareció que el papelillo era curioso, por lo que para no desperdiciar el enlace — donde ha leído “una receta de bartolillos” porque si no no estaría aquí — lo enganché y, bueno, a usted o algún otro puede que le haga gracia seguir el rastro de los enlaces. Pero, esté al cuidado si le gusta el dulce, porque si la encuentro (la receta, ya sabe) colocaré en algún lugar bien visible los ingredientes. Papeles
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2402257112327
La dentadura postiza
02/25/2024
Srailkt
https://valentina-lujan.es/L/ladentadur.pdf Que tuvo ella, Brigidina, que como quien dice y literalmente sacarle de la boca justo en el momento en que degustaba él me da igual — le explicó Teresita — si ostras o una langosta o percebes, pero no chorizos de barbacoa porque, le explicó también, el tío Mauricio lo que solía perder era su cajita de rapé y que, además, además de que todos sus dientes eran suyos aunque, bueno, si, admitió, una muela era de oro, pero muy de al final y no se le veía, era muy exigente, y muy señor que, nunca, se habría avenido aunque tuviera que morirse de hambre, fíjate lo que te digo tan elegante con su sombrero canotier, a lo Maurice Chevalier, para que te hagas una idea a participar en una merienda tan del vulgo y tan campestre. – Así que — concluyó — te ruego, por favor, que si con las prisas y tu poca experiencia no se te ha ocurrido mejor cosa que copiarme, y que no voy a enfadarme por ello porque quien no ha sido novata alguna vez, cojas esa dentadura y se la pongas u otro que, seguro, le quedará mejor. – Ya, Teresita, pero a quién — Brigidina —, que no se me viene así al pronto a la cabeza nadie a quien ponérsela que no fuera, como hay gente tan pija que siempre quiere que se la vea perfecta, a enfadarse y, tú lo sabes, el tiempo se me echa encima porque las redacciones, ya lo advirtió la señorita, hay que presentarlas esta misma tarde. – Pues, déjame pensar… ¡Un muerto! Un muerto que como está muerto no se va a enterar. – Ya; pero es que, el cementerio, a mí como que… – Pues… El padre de Pintado ¿te acuerdas? – No sé quién es. – Sí, mujer, aquel que tenía un ojo de cristal; tienes que acordarte… Inténtalo. – Vale. Me acuerdo. –¿Seguro? Mira que las mentiras tienen las patas muy cortas. – Y la nariz muy larga. Me acuerdo muy bien. – Pues, bueno; el padre. – ¿Y qué le pasó? – Que se ahogó pescando perlas en Tailandia. – Pero, ¿las perlas se pescan? – Ay, hija, no sé; y además qué más da. Y la urgió a que le pusiera la dentadura y repasara los puntos y las comas, y los acentos que ya sabes que la Violeta es muy que la campana estaba a punto de tocar. Pero que no volviese nunca más a copiarla, por favor, que es la última vez que te ayudo. Papeles
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2402257111238
De valentina Lujan a todos los lectores de esta página web
02/25/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/doc/En%20los%20tiempos%20modernos.pdf En los tiempos modernos, en los que se dispone de infinidad de medios para que todos nos hagamos una idea del mundo en que vivimos y de qué está ocurriendo en cada momento en él aunque suceda en un lugar remoto en el que no habríamos pensado jamás, no tiene tal vez demasiada importancia que los hechos de que encontramos crónicas, reseñas o editoriales, se nos muestren cuidadosamente ordenados de forma secuencial; nosotros mismos, con paciencia, desde luego, podemos, tecleando y rastreando por aquí y por allá a partir de cualquier dato insignificante que despierte por la razón que fuere nuestra curiosidad, organizar nuestra propia película expurgada de entre la gran cantidad de información que, tal vez, desechamos de esas mismas crónicas, reseñas o editoriales, sin considerar que visto con otros ojos y otra forma de hacer valoraciones que no fuesen los nuestros estaríamos pasando por alto justo aquello que por su trascendencia humana, social, económica, política, religiosa o cultural menos cabría desde la sensatez desestimar. Aquí, empero, y con motivo de que estamos justo en el inicio, se opta por la forma tradicional de mostrar consistente en empezar por el principio.
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2402247057683
¿Quíenes somos?
02/24/2024
Brigidina
https://valentina-lujan.es/N/nopar9a.pdf no parece, en un principio, que pueda resultar problemática a menos, naturalmente, que perdamos el hilo o el sentido común… – ¿O ya lo hemos perdido? — Preguntaba doña Finita siempre, tan inocentona, sin darse cuenta de que en cuanto lo decía todo el mundo se orientaba. El hilo, que sería lo grave; porque el sentido común ― “¡una cosa tan corriente!”; y reía doña Finita con sus labios pintados ―, cuánto ni qué puede importar cuando, además, nos queda el propio, de infinitamente mayor enjundia y entidad. Y si lo hemos perdido, Dios no lo quiera, sí que la habremos liado porque nos pasará como, hace apenas unos días sin ir más lejos, nos sucedió a nosotros en nuestras propias carnes mortales cuando buscando… pues qué podía estar siendo, que así al pronto no caemos… Bueno, pues no sabemos, pero la dentadura postiza del tío Mauricio. ¿Qué estábamos diciendo? Ah, ya: que para coger la pinza —la sonrisa apacible de doña Finita se helaba; pero seguía como si tal cosa, disimulando por si no lo habíamos notado — de la ropa con que sujetar el estor averiado del cuarto de estar y poder así abrir la ventana… Pero tampoco vamos a extendernos en eso porque, nos figuramos, quien más quien menos ya cuenta con sus trucos propios para abrir sus ventanas. Además, la ventana la terminábamos de cerrar; así que, la pinza… Bueno, mira: es igual. El caso es en resumidas cuentas que fuera por la razón que fuese (y con la circunstancia a favor de que doña Finita detestaba lo que ella llamaba “engorrosas labores detectivescas”) buscábamos algo y derramamos, sin quererlo, la copa de algún néctar repuntado que nuestra memoria se obstinó en rememorar como ambrosía… Así: sin esperarlo. La dejamos hacer ― a la memoria ― y, con deleite, lo aplicamos ― el néctar ― con las yemas de los dedos en las sienes, y en el cuello, y detrás de las orejas y en la frente, y aspiramos el olor evanescente del antaño mientras se demoraba ella por entre los jirones de las tardes ociosas en que, lejos de los lugares más o menos comunes que hoy se nos figuran tan exóticos, lejos también de sospechar siquiera que pudiera existir un “mañana” distinto de aquellos que se desperezaban en amaneceres tan iguales , éramos algo que, por cierto, la última vez que alguien... Papeles
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2402247055962
Teresita Ledesma
02/24/2024
La tía viuda de Suances
http://valentina-lujan.es/T/teresitaledesma.pdf ►Teresita Ledesma Que como se indicó más arriba, aunque no habría hecho falta porque salta a la vista, era muy meticulosa en sus trabajos, presentados en letra no grande pero sí muy clarita y utilizando con mucho acierto - y esto doña Telma lo valoraba en mucho - los rotuladores de distintos colores para enfatizar determinados párrafos. Pero un “poquito despistada” ―decía tan benévola siempre la tata Gloria― jugando. A lo que Basilia, bastante más raspa, saltaba como si le hubiera picado una avispa que “o un muchito tramposa”; porque, y también saltaba a la vista y eso había que reconocerlo aunque nos llevase toda la tarde y la señorita se desesperase, no estaba jugando con el mismo distintivo en las dos bazas. Surgía así, por tanto, una nueva pregunta: ¿Era Teresita Ledesma despistada o tramposa? Pero sonaba el timbre y, “vaya ―decía la señorita con voz de disgusto, cuando saltaba (eso también) a la vista que lo había hecho adrede―, no tenemos tiempo”. Y que la respuesta la quería, sin tachones ni faltas de ortografía ¡y no copiaros, que me os conozco! Mañana sin falta. Y, las madres, protestando que a ver por qué a sus niños/as tenían que mandarles tantos deberes para casa. Papeles
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2402237002297
En las tardes de primavera
02/23/2024
Zoila Fuenfría
https://valentina-lujan.es/H/enlastardesdepri.pdf nos reuníamos en el jardín de las Gordillo y, allí, a la sombra de las mimosas plateadas , sentados todos unas veces alrededor del cenador de piedra y otras desperdigados por el césped… Era un ritual que se celebraba desde muy antiguo y todos los asistentes se mostraban de acuerdo en que estaba bien «es agradable después de todo — contaba que repetía Rosina Escudero sistemáticamente, sin omitir jamás su sonrisita bobalicona ni modificar una sola palabra de una vez para otra — esto de verse, aunque sea de tarde en tarde, y comentar, cambiar impresiones y, si sobra tiempo, charlar un poquito de esto y de lo otro»; era muy grato, sí, estar juntos, corroborándolo cada cual con sus propios tópicos acuñados desde tiempo inmemorial. Sobró tiempo, sin embargo ― dijo Carlota ―, aquella tarde; sobró tiempo y todo el mundo lo achacó a que al faltar Sebastián — fallecido meses atrás en circunstancias que dijo Charito no iban al caso encareciendo, eso sí, cuánto había que celebrar lo muy poquito que había sufrido porque no le dio tiempo a enterarse de nada y añadiendo, tras suspirar muy profundamente y llevarse a los ojos un pañuelo de papel arrugado «¿quién tuviera una muerte tan dulce?», y que Dios lo tuviese en su gloria tan hablador y tan dicharachero y tan simpático — las frases que no pudo decir diseminaron, por aquí y por allá, un sinfín de retazos de silencios que, agrupados, arrojaron un saldo de vacío tan molesto para todos que, como había que rellenarlo fuera como fuese, acabó por conducir a que alguien terminara sacando a colación a Elena.. — ¡Oh, de Elena no me hable! — que había rechazado de plano, dijo, un tal Rogelio del Viso que explicó —: tenía la abominable costumbre de evocar... si es que venía al caso, aunque aun no viniendo también la evocaba, tal era la incomprensible admiración que al parecer sentía por ella, a una tal Raquel que, se decía, relató una vez no sé qué historia... ¡nada interesante, estoy seguro!, cuyo mayor atractivo, ¡imagínense!, era que empezaba por los pies. –Pero, si eran unos pies bonitos... –No bromee. El asunto es del todo ridículo — del Viso, con mucha sequedad —; más cuando lo que estoy pretendiendo poner de relieve es, precisamente, lo muy deseable que en todos los órdenes de la vida es la coherencia. –Ah, pues no sé — otro, a quien Carlota solía recordar «de manera un tanto difusa en lo que se refiere a su fisonomía, no vulgar pero sí corriente; sí os puedo asegurar sin embargo que se trataba de un hombre afable aunque menos ingenioso, no tan dado a la broma como el que hiciera el juego de palabras», sacando ella con las suyas, sin darse cuenta, a María Francisca de una especie de sopor para considerar, como para sí con voz gangosa aún somnolienta, si no estaría «mejor dicho, digo yo, “no tan dado al juego de palabras como el que hiciera la broma”»; aunque la otra, oyérala o no la oyese, siguió con lo suyo y —: pero, por las noticias que yo tengo, era la tal Raquel una mujer sensata. – ¿Sensata? — «un tercero», así de escuetamente y sin precisarnos si hombre si mujer joven o viejo ni aportar Carlota peculiaridad alguna, que dijo no disponer de más elemento de juicio que lo que indirectamente le había llegado de ella pero —: Parece que alimentaba en su cerebro... ¡enfermo!, me atrevería a asegurarles, no sé qué proyecto estrafalario de mostrar al mundo cierta suerte... malhadada, por cierto, y que me perdone Rogelio por esta vez el juego de palabras, de teoría absolutamente grotesca consistente en... –No tan deprisa, amigo mío ― interrumpió un joven eso sí, con muy buenas maneras; un joven, os añadiría si el tiempo no apremiase... Papeles
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2402237001887
Estás invitado
02/23/2024
Rufita Varela
http://valentina-lujan.es/Z/amenos.pdf salvo en el caso que se da muy de tarde en tarde, pero no es del todo descartable porque hay gente sumamente educada y detallista que tiene la deferencia de enviarte una participación que disipe tus dudas, de que te sea remitida una amable y elegante tarjetita mediante la que se te informa de que afortunadamente no has sido convocado a tal o cual venturoso evento en el que un par de ejemplares de la especie humana y sexos diferentes (o incluso del mismo, aunque tal circunstancia es apenas una anécdota vulgar y corriente de la vida cotidiana que no merece como si dijéramos mención) va a contraer matrimonio y que no has, por tanto, de comprarte ningún vestido nuevo ni calzarte un par de zapatos que con casi absoluta certeza iban (porque con el calzado nuevo siempre pasa lo mismo) a hacerte daño. Insisto, empero, en que la tal no-invitación suele ser algo del todo infrecuente mientras que, y muy por el contrario, es enormemente habitual que uno aparezca, por pura casualidad y sin saber por qué ni cómo, en una página web de cuya existencia se tenía tan nula noticia que ni tan sólo cabía albergar la sospecha de que se fuera a ser rechazado. Tampoco se tenía, en tal caso y por ende, la menor idea de que el contenido de la tal página fuera a ser algo por lo que no se había sentido en la vida el menor interés. Pero, pese a todo y por uno de esos imprevisibles caprichos del azar, ahí está uno haciendo el tonto y mirando con cara de aburrimiento una información detallada y exhaustiva concerniente a pistones y sus diferentes tipos o — caso de que los pistones sean de tu interés puesto que hay gente muy rara, en cuyo caso no estarás siendo (amable visitante) el tipo de espécimen con el perfil idóneo para ilustrar este ejemplo — contemplando con expresión de muy profundo hastío un catálogo a todo color de bastones de esquí, mantos asfálticos impermeabilizantes o lencería femenina bastante absurda pero carísima y muy fina. No es sin embargo, he de insistir en ello para que nadie se sienta engañado y en consecuencia me demande, la web en que nos encontramos ninguna de esas páginas útiles para dar satisfacción a las inquietudes de mecánicos del automóvil, ni a los intereses de constructores o arquitectos, ni para solucionar los traumas de pobres hombrecillos obsesionados con el sexo. ¿Para qué sirve entonces esta página? No quiero desanimar a nadie, pero me temo que no sirve absolutamente para nada. ¿Habría de ser esa una razón suficiente para que la página no existiese? No quisiera ponerme taxativa ni ofrecer, así, nada más empezar como quien dice, un perfil de persona terca e inflexible aseverando sin pestañear que no, que no sería razón suficiente; pero lo voy a aseverar aunque para hacerlo tenga, y que sea lo que Dios quiera, que pestañear o, llevando las cosas a sus últimos extremos, verme forzada a no hacer público mi perfil o, por lo menos, reemplazar mi fotografía por la de la figurita de papel que se muestra más abajo. Pese a todo, y aun habiendo caído en el imperdonable error de no haberte enviado invitación ni la notificación, en su defecto, de que no estás invitado, quedas autorizado (o “autorizada”, en el caso de que pertenezcas al sexo femenino) a pasearte con toda libertad por este mi dominio que desde este mismo momento pasa a ser también el tuyo. Firmado: Valentina Luján Papeles
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https://valentina-lujan.es/S/aliciaseguia.pdf Alicia seguía según su costumbre emperrada en sostener que lo ignoraba, pero que recordase la hermana “que todo esto se remonta a los tiempos de Críspula”, y que no se podía por tanto confiar enteramente en que los rumores que venían corriendo desde entonces acerca de aquel Estanislao “que Dios tenga en su Gloria” estuviesen teniendo un mínimo de fundamento por más que existiesen ciertos escritos de fecha bastante posterior atestiguando que vivía, sí, vivía pero fuera nadie a saber si, allí, tan lejos y con tantísima agua de por medio, no se habrían borrado las huellas de su verdadera identidad que, para complicar aún más las cosas, se sustentaba tan sólo en una insignificante velita, “una velita de cera de esas que se ponen en las tartas de cumpleaños, ¿sabes?” — le decía — una vela de cera “que un día se va la luz y la enciendes sin querer y desaparece; desaparece sin dejar ni rastro”. La hermana, entonces, le replicaba con que Críspula, si es que a eso íbamos, “porque ya me contarás querida, cuánta importancia se le puede dar ahora mismo, que está todo por las nubes y tú tienes que saberlo por… ¿mero, dijiste; mero lo que le das a Demóstenes?”. Cuánta importancia en términos prácticos se le podía dar, en la actualidad, a una pieza de cobre que de haber tenido algún valor aunque nada más fuese para algún coleccionista extravagante y maniático habría permanecido guardada, a buen recaudo, en alguna caja fuerte “y no, Alicia, en una de galletas que un día vas y la tiras, porque tú de numismática y perdona no tienes más nociones que de astronomía o de ciencias ocultas, tan contenta a la basura”. Y Alicia, cada vez más deprimida, se preguntaba si podría ella estar tan contenta algún día. Papeles
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2402236999178
Alguna vez se lo llegó a decir
02/23/2024
La Acuña chica
https://valentina-lujan.es/A/algunavezselo.pdf pero la mujer se escandalizaba protestando, entre sonrisas, que “pero señora Nuncia, a qué me dedicaría yo entonces si no he aprendido otra cosa, que en nuestra familia siempre hemos tenido esta profesión, que ya en 1483, se lo oí contar al bisabuelo mío cuando niña, un antepasado nuestro se los había puesto a don Boabdil el día que fue derrotado en la batalla de Lucena” y que no, que don Montano no podría porque “señora, créame, cada tobillo es cada tobillo y cada pantorrilla cada pantorrilla”. Y, calzándole los escarpines, que cada pie tiene su intríngulis. Papeles
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2402236999079
Desde la misma ventana
02/23/2024
La madre de las fresnedo
https://valentina-lujan.es/D/desdelamismaven.pdf – Si te vieras en la ineludible necesidad de responder — dice —, ¿qué dirías? Y, como le pregunto que de qué – Él y yo, que si somos los mismos. Y, como le digo tú sí, tú siempre serás Amada, pero…, ¿él?... – ¡Él! Y emite una risita que no sé interpretar. – Yo siempre seré amada. Y otra risita que, como siempre le gustó jugar con las palabras, podría aventurarme a interpretar; pero, como no quiero, vuelvo al chalé y, desde el lugar exacto que ocupase y desde idénticas coordenadas aunque ya no es, le pido, de codos las dos en la ventana, que me cuente la paradoja de Teseo. – Aunque te queda no sabes qué sensación — dice — de que no es la mejor manera, la más inteligente o de cerrar estas líneas ¿verdad? Y, con un suspiro, que si fuera más joven y se sintiera con más fuerzas se marcharía, a vivir en otra parte, lejos, desde donde al asomarse a la ventana no ver que ya no, nunca más… Y, dándole la espalda – ¿A qué? Encendiendo un cigarrillo. Y que de qué estábamos hablando. Y me viene a la cabeza, no sé por qué, la paradoja de Sorites, y toda su historia, con la que enredando con el Google había ido yo a dar, sin saber mucho cómo, no haría más de un par de días en Internet. Y que — espachurrándolo en el alfeizar — qué absurdo es todo. Y cierra la ventana, sin decirme ni adiós. Papeles
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2402236998812
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02/23/2024
Doña Escolástica
https://valentina-lujan.es/E/aquedesdel.pdf a que, desde la casilla 7 con don Gabriel, una pobre mujer que no había tenido más inteligencia ni imaginación que la de cambiar el caballo blanco de la señorita de Adoración López por un lapicero diera tan limpiamente y sin solución de continuidad un salto hasta la 18 (véase don Apuleyo), así, sin más ni más y sin mediar una baza que la hubiese situado (lo que estaría siendo una explicación admisible) con un 2 — era lo primero que se le ocurría — en el número 9 o segunda oca y, desde ahí y de acuerdo con las normas, al catorce, que con la suerte de cara (que estaría marcando un auténtico hito en la vida de la pobre mujer que sólo la había conocido de espaldas, o, dicho en términos más coloquiales “siempre que la había encontrado fue de culo”, el encuentro, claro, y de rechazo ella) y un 4 la habría podido muy bien catapultar a la tercera… Pero… Pero para eso hacía falta una baza de la que la Verdaguer no encontraba rastro por ninguna parte. ¿Cómo podía justificarse eso si nadie estuviera haciendo trampa? – ¿Pero trampa para qué? — le preguntaba su inseparable amiga (cómplice más bien, en realidad, ya que la secundaba en todo cuanto fuera sacar de quicio a las señoritas, pero no daría la cara por ella, y en su fuero interno lo sabía, ante una situación en verdad comprometida) Cora —, ¿para qué trampa ni por qué cuando una baza tan buenísima nadie, ni el más tonto ni la más pazguata de los participantes, rechazaría? Y la Verdaguer, tan sensata y tan fiable para todo lo que fueran cálculos, no sabía. No sabía y antes de tirar la toalla intentaba hallar una solución que… – Cora, vamos a intentar mirarlo de otro modo. Ideaba entonces que lo que salía a la jugadora en ese 7 era un 5 que la llevaba en volandas al 12; de ahí retrocedía en buena lógica al primer puente y, de ahí, llevada por la corriente y de la mano de un 3, se colocaba, lo mismo que en el supuesto anterior, igualmente en el nueve y, desde ahí… – ¿Y qué has ganado con ese nuevo planteamiento? — Le refutaba Cora —; llegarías al mismo sitio, pero te sigue faltando la jugada… – ¿No puede haber otra posibilidad? – No — implacable Cora —, excepto una que no haría otra cosa que entorpecer aún más y que consistiría en que desde el primer puente volviera a salir un 6 de manera que la jugada se viera atrapada en un círculo vicioso o, en el mejor de los casos (porque pensar en un 3 y otra vez a la segunda oca ya era mucho confiar en el azar) exigiría, en el 7, o el 8, o el 10 o el 11, una nueva tirada que estaría requiriendo otra baza de otro… ¿No lo entiendes? Y La Verdaguer se daba a su pesar por vencida. Papeles
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2402236997761
A punto de sonar la campana
02/23/2024
Acracia
https://valentina-lujan.es/Cajabombones/apuntodesonar.pdf de la fábrica de terrajas de cojinetes de biela y bancada porque, aunque el pasante del bufete de abogados mandó recado protestando — de muy buenas maneras, sí, que ese tipo de personas son educadas y con don de gentes y que por favor e inter partes y bona fide, pero que le venía fatal porque tenían a medio enjaretar un ab intestato que a la familia del posible —aunque muy poco probable, aclaró el pasante referenciando cómo se lamentaban los deudos de que ya les había dado varios sustos y total para nada— finado le corría prisa no por el ansia de heredar, “entiéndanos, don Filiberto”, dijo una señora con pamela que llevaba en brazos un niñito con sedas y muchas puntilla, “pero es que se nos hace tarde porque el oficiante, que es, por cierto, el señor obispo porque con nosotros es como de la familia porque antes de que se le despertase de la noche a la mañana la vocación religiosa había sino novio, o casi, de nuestra tía abuela… – ¡Basta! — le interrumpió la señorita, que estaba borrando una suma de la pizarra y se volvió con un respingo tan brusco que vino a resulta que 271 + 3 arrojaba un total de 619 justo en el momento en que hizo su irrupción en el aula el director anunciando que ya no estaba la grúa, que la habrían quitado por la noche o quizás esa misma mañana, muy temprano, pero que ya no estaba; que ella misma podría verlo si miraba por la ventana. – ¿Yo misma? — y se volvió a rascar la muñeca, como dubitativa, aunque ya no llevaba reloj porque, decía, su vista no era ya muy buena para aquella esfera tan pequeñita del reloj de comunión y, además, con los móviles… ¿verdad? Y que si estaba seguro. – Pues claro — él. – ¿Del chalecito? – Del chalecito, Amada; de los curas, sí. – Eran frailes — musitó, tan sólo para sí para sí misma que él posiblemente no la oyó. – Eran frailes — a mí, ahora, con la voz con que yo la conocí y que parece no haber envejecido, o no haberlo hecho al mismo ritmo que ella —; mi madre siempre decía los frailecillos de Oquendo. Dice, cuando su madre echaba las cortinas para cambiarse de ropa y ella le preguntaba siempre por qué siempre. – Porque me pueden ver. Que le decía. – Pero, mamá… Pero, entendiendo que ni ella entonces ni él ahora la podrían entender, obedece, como entonces, como siempre, como ahora, y da unos pasos en dirección a la ventana, pero… – Esta no es, no me sirve. Dice. Y retrocede hasta el encerado, y borra los restos malogrados de la suma, y recoge sus cosas de la mesa y se disculpa con un “necesito la mía”. Y, lejos ya, cuando ya no puede nadie oírla, con una sonrisa que no podría nadie describir porque tampoco nadie puede verla… “yo misma”. Y ya en la calle, encendiendo un cigarrillo desde el semáforo de la calle Édison, mira hacia arriba, a la suya, su ventana. Y le vino a la cabeza, dice, mientras cruzaba, sin saber por qué, la paradoja de Teseo; de la que, haría no más de un par de días, había escuchado hablar por primera vez. –Yo misma, y desde la misma ventana. La misma ventana ya sin las cortinas que cerraba la madre, porque, dice – Cómo podría yo, tan pequeña, sin entender de ángulos ni tener ni idea de geometría, ni de trigonometría, más difícil, seguro… ¡una palabra tan larga!, hacer entender a mi madre que, tanto desde el jardín como desde cualquiera de las ventanas del chalé, la mirada del fraile iría a dar al techo, nunca — salvo que ella se colocara muy cerca de la ventana, que jamás lo hacía — a su posible desnudez. Y que, para que yo lo entendiera, algo así”: Papeles
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2402226989219
Afán, tan ciego y tan aciago
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/T/tremolardeazul.pdf Tremolar de azules demorados al escozor sedoso, al rojo vivo, de pálidos descoloridos viejos duendes enterrados (a ras de la cordura que se acogió, en nombre de leyendas, al derecho entender de qué es justicia) en el fondo de altos, inalcanzables rectos fines; se escora, a la deriva de discordias, hacia el afán, tan ciego y tan aciago, por desterrar del mundo qué es agravio. 4 de abril de 2018 Oquios
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2402226988724
Al despertar
02/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/A/aldespertar.pdf Tengo por costumbre, no sé si ancestral pero sí muy arraigada, el tan pronto abro el ojo por la mañana tener meridianamente claro que no quiero ver el mundo. Ni el mundo ni las cosas ni las personas ni los árboles por la ventana ni la calle ni los coches ni los pajaritos en las ramas… Nada, absolutamente nada. No quiero estar en el mundo y ya está. Bueno pues, esta mañana, sin ganas ya digo y sin querer ver ni mi casa ni mi cocina ni a mí misma cuando paso sin querer por delante del espejo del pasillo ni el exprimidor de naranjas ni las naranjas en sí, me encuentro con que, según las exprimo, estoy cantando. Entonces voy y me digo ―según exprimo, ya digo ―oye, pues no estaré tan mal, porque si canto… Pero de repente caigo en la cuenta de que lo que estoy cantando, sin querer ni habérmelo propuesto, es ay pena penita pena, pena de mi corazón que me corre por las venas lo mismito que un ciclón. Me he tomado el zumo sumida en un mar de dudas porque me pregunto, por un lado, si es que no estoy tan mal como me creo y que prueba de ello sería que, mira, canto, o si por el contrario (o el otro lado) sí que lo estaré porque, mira, me digo, si estuvieras bien no cantarías lo que estás cantando. Así que aquí estoy, sin saber cómo estoy ni con cuál de los argumentos quedarme, en el mundo que no sé si quiero ver o no ver ni si quiero estar en él o no quiero. Me gustaría saber si estas cosas le pasan a más gente o solamente a mí porque, a lo mejor, esté siendo yo rara. 26 de junio de 2018 Oquios
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2402226988656
Albores
02/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/C/calcinados.pdf Calcinados al paso de la escarcha ―rojiza del destierro de extravíos―, deshojan, a desgarro de porfías, latidos de constancias que se agotan y, crecidas en los fondos de las páginas de libros que no encontrando prólogos con que adornar qué no dicen sus escritos, se mofan y se burlan de qué alienta detrás y a la deriva de escarmientos los albores de recuerdos nunca, jamás, pensados ni sentidos. 19 de febrero de 2018 Oquios
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2402226988472
Clic
02/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/T/todosdeseamos.pdf Entras en Facebook y ahí están todos, en distintas partes del mundo. Animales abandonados, animales maltratados o heridos o enfermos o a punto de ser sacrificados. Los vemos en los muros de fb de nuestros amigos, y compartimos y difundimos y escribimos comentarios lamentando esto o lo otro y expresando fervientes deseos de que todo salga bien, de que las cosas se solucionen y de que cada uno de los animales que estamos teniendo frente a los ojos resulte salvado, por quien sea y como sea, del cruel y triste fin al que está abocado. Todos deseamos lo mejor; pero por las razones que sea — y que pueden estar perfectamente justificadas por las circunstancias particulares de todos y cada uno de los que nos interesamos y deseamos un final feliz — nos encogemos, nos hacemos un ovillo y confiamos, o nos hacemos la ilusión, de que difundiendo y pidiendo y rogando y pasando con un simple clic la foto y la historia correspondiente a los muros de nuestros amigos ya hemos colaborado, ya hemos hecho cuanto podíamos, y “seguro que hay alguien que puede solucionarlo”. ¿Y si ese “alguien que puede solucionarlo” fuera exactamente yo? Y todos (yo también) tenemos nuestros propios motivos y nuestros propios argumentos para “saber” que por mucho que nos pese no reunimos los medios para ser ese “alguien”. Pero en algún lugar del sentir se queda agazapada, como al acecho, la duda que va a martirizarnos inquiriendo sin piedad ni tregua ni pausa si de verdad no pudimos hacer más de lo que hicimos. Y puede que la respuesta sea que sí, que hicimos cuanto estuvo en nuestra mano. Y si esa respuesta tranquilizadora nos convence todo estará solucionado; y nosotros, cada uno, si no felices sí al menos serenos… Pero, ¿de verdad lo estaremos?, ¿es seguro que no va a quedar en algún rincón del alma algún resquicio en el que, como en sordina, una voz que no podremos apagar porque es la nuestra, y suena dentro, donde no podemos llegar, nos grite “estás, mintiendo” o, “te estás atrincherando en excusas”? Y cada vez que nos engañemos queriendo ignorar que la omisión es una forma de culpa estaremos dejando que se instale en nuestro ánimo un poso de amargura. Y amargados y culpabilizados hoy por una cosa y mañana por otra seguiremos nuestras vidas suspirando por una felicidad y una plenitud que nunca llegan. Y no llegan porque la amargura y la culpa han invadido, mientras andábamos afanados en esquivarlas a ellas precisamente, todo nuestro sentir. 16 de marzo de 2012 Oquios
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2402226988243
De palabra o por señales
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/Dbre10/pedernal.pdf Pedernal enalteciendo la blanda dádiva aviesa poderosa de ferviente temeridad onerosa aguardando en su guarida, destemplada, primorosa, la aparición no prescrita por qué espera quien dictase, de palabra o por señales, ya de humo ya inmutables, retahílas de sentencias pedregosas de sobrantes adverbios y conjeturas contingentes de ansiedades que despertarán de a tiempo, aún al margen o al desgarro de cuál pueda ser la hora del renacer hacendoso de quién sabrá qué otro hermoso amanecer demorándose acurrucado en la sombra para en voluntad alzarse por encima del airado hedor que todo lo impregna de frustración y, entre líneas, congoja cuando fracaso. 17 de febrero de 2023 Oquios
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2402226985600
El sentido del número (o la gata y las crías)
02/22/2024
Alicia Bermúdez Merino
https://valentina-lujan.es/E/elsentidodelnum.pdf Una noche hace ya años vi cómo una gata trasportaba de un lugar a otro, agarrada por el cuello con su boca, como ellas lo hacen, a una de sus crías; y recuerdo que me pregunté cuántas tendría, y si las reconocería o ― temerosa yo de que se olvidase de alguna ― sabría contarlas o dispondría, de manera natural, de algún “mecanismo” que la advirtiese de cuántas iba habiendo en el lugar nuevo y cuantas iban quedando en el viejo. Hoy, leyendo el libro de Francisco J. Rubia “El cerebro nos engaña” leo ― en el punto 5.2. del capítulo 6 “El sentido del número” ― que los animales tienen capacidad aritmética. Pone entre varios ejemplos el de chimpancés que saben reconocer que en una bandeja con dos montones de galletas (uno de ellos con cuatro y otro con tres) hay más galletas que en otra bandeja que también tiene dos montones pero, en ésta, un montón es de cinco y el otro de una. No pone ningún ejemplo de gata y sus crías, pero me viene a la cabeza aquella, la de Oquendo, y me digo que, de alguna manera, si ella había parido por ejemplo 5 gatillos (que yo copio y pego de internet, para ilustrar qué digo) y sabía que en un lado había esto según los fuese llevando al sitio nuevo iría viendo en él primero y luego y luego y luego y, cuando ya viese en el lugar nuevo algo así entendería ella que los había cambiado todos - aun sin saber contar uno, dos, tres, cuatro, cinco - y, yo, ahora, tantos años después, que hubiese podido ya entonces quedarme tranquila; que no había olvidado ninguno. 1 de abril de 2016
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2402226985440
Erre que erre
02/22/2024
Valentina Luján
https://valentina-lujan.es/R/rinocerontes.pdf Rinocerontes rumiando romances reducen el riesgo de rendir la rueda que aguarda a la espera de que la pereza recoja los frutos de la duermevela en que se recrea, con rumor creciente, la críptica arenga que tras recurrirse a ratos perdidos pervierte el pronóstico precario de ritmos y, rígido o romo, rotundo o perverso, desgarra el augurio precoz que corrompe precisión que prime, prometa y redima, remembranza prófuga de frugal verídica verbosidad próxima a premuras prístinas. Y prorrumpe intrépida en el remolino en que se recrea el crujiente arrojo remembranza tórrida de trifulcas tétricas corroyendo trágicos trasuntos de treguas que se distribuyen destruyendo pruebas que rasguen la rúbrica de tardas quebradas rubicundas treguas pregonando estruendos que surcan el curso de ríos y de arroyos que riegan rugientes parajes remotos rematando inciertos acuerdos perdidos entre mil precarios principios remisos a arrastrarse ingrávidos sobre los rebozos, argucias y apremios en que se reprueban rigores y riesgos y rancias propuestas tornadas ridículas al amparo abstruso de quehaceres pírricos. Y murmura airada reproches y afrentas y promete ofrendas y farfulla réplicas; y permuta frases por fresas y frisos y por filigranas de verde y de grana con frescas fragancias que recuerdan tórridas tardes de verano de brisa a la sombra flagrante que irrumpe en el irredento rincón en que alberga el corazón rotos recuerdos marchitos y trozos de acuerdos y trazos prendidos entre ringorránguica profusión de esfuerzos tercos por asirse al anterior siempre para no perderse ni rendirse presos de horror al tremendo pavor que provoca no estar a la altura de qué es requerido cerca del pretexto de cerrar el círculo. 26 de marzo de 2023 Oquios
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2402226983927
Instante
02/22/2024
Afrodita
https://valentina-lujan.es/I/instante.pdf Un coche rojo derrapando por el asfalto helado, caléndulas en las ventanas de un tercer piso, el balar de una oveja en una playa, dos adolescentes fornicando, el silbar de una locomotora antigua pendiente de una escarpia en la pared de un prostíbulo, un mechero encendido en las manos de un niño, una anciana de cabellos teñidos de verde mirando fotografías obscenas, el ulular del viento en el interior de la pirámide de Maslow, la respiración entrecortada de un enfermo en su cama con dosel de sábanas bordadas, el correr del agua de un grifo que alguien olvidó cerrar, los pasos de un viejo arrastrándose por el descansillo del piso de arriba, la cara de una mujer en el espejo pintándose los labios, el auricular de un teléfono tragando palabras, el glamuroso desfilar de un veintisiete por ciento de masa corporal por una pasarela; el azul lento, cansino, ensimismado del batir unas manos antiguas, de cera, un huevo en un plato de porcelana; la polonesa en la bemol mayor op 53 de Chopin al piano, una tostada con mantequilla y mermelada de naranja amarga, el chirriar de los frenos de un autobús, docenas de extremidades amputadas, un hombre con traje y corbata comiendo arroz tres delicias sentado en un banco de bulevar; el grito de alguien que pronuncia algo que nadie ha entendido desde una ventana que no es la de las caléndulas, fotografías de niños con las caras manchadas de chocolate, una enfermera aplicando una inyección de estricnina en la vena de la anciana de cabellos verdes, el deslizar sobre el teclado de unos dedos demasiado cortos para una polonesa tan heroica, dos desconocidos copulando, un pescador en su barca en la orilla, un juego de té y un platito con pastas sobre un velador, tres peces en una pecera, dos zapatos desparejados en el suelo de una habitación vacía, un hombre leyendo a Walt Whitman sobre el mostrador del prostíbulo, el ronroneo arrullador de un perro, la sirena de una ambulancia, un olor a café recién hecho, un quiosco de periódicos en el pico de una montaña, una pareja de amantes bostezando, un ama de casa entrada en kilos dirimiendo el principio de incertidumbre con su pescadero, el auricular que abandonado sigue hablando, deudos enlutados enjugando lágrimas junto a la fosa de un aborrecido muerto, una mascarilla y unos guantes de látex, un pastor que desatiende su rebaño, una peluquera apresurada por llegar a la cita con su peluquera, una bomba de napalm destruyendo el coliseo romano, palabras de amor desparramándose sobre la alfombra, una prostituta devorando con avidez a Schopenhauer, una yunta de cisnes tirando de un arado, una tercera cuerda de un segundo violín desafinado, el ladrido de un gato en la distancia, el Sol y la Luna prodigándose arrumacos, una tarta con tres velas, (continuará) 13 de septiembre de 2015 Oquios
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