Este libro es sobre arte, cine y pornografía. Decir esto, sin más, es ponerlo fuera del alcance de las masas. Por “las masas” se quiere decir a la gente de tu zoociedad, querido lector, tal como tú la conoces. En general, a esa gente no le interesa saber cosas sobre arte y cine, ni los vínculos que esas cosas mantienen con la pornografía. Esto quizá les produce un sentimiento de ignorancia y de inferioridad, pero la mayoría logra sacudírselo de encima diciendo que todo esto, de todo lo que habla este libro, no sirve para nada. Existe la creencia de que el arte, el cine y la pornografía no tienen nada que ver con el mundo tal como esa gente lo vive. Para esta clase de gente, el que este libro sea sobre arte, cine y pornografía significa automáticamente, más por prejuicio que por una cuestión de hecho, colocarlo fuera de su alcance.
Es posible que se ganaran lectores si entre las páginas se mezclaran abundantes fotografías de desnudos y de coitos para ilustrar (gráficamente) los razonamientos de cada texto. Pero si en este libro hubiera fotografías de desnudos y de coitos provocaríamos numerosos gruñidos de desaprobación. Con todo, el uso de la palabra “pornografía” cobra un matiz hostil. La palabra “pornografía” simboliza lo obsceno y orgiástico (lo que podría denominarse “el principio de Eros”), mientras que las palabras “arte” y “cine” se refieren a alguien o algo que está inmerso en un ámbito cultural, a una cierta superioridad de status.
Los conceptos “arte”, “cine” y “pornografía” no son meramente unas etiquetas, sino algo que penetra y estructura la capacidad de juzgar. El arte, el cine y la pornografía, por tanto, son reconocidos como tales porque los procesos sociales, desde la realidad que constituye el arte, el cine y la pornografía, los han etiquetado como “arte”, “cine” y “pornografía”.
Para muchos de nosotros, el cine de hoy es siempre rápido, pocas veces barato, y por lo general está fuera de control. Nos vienen a la mente una infinidad de remakes y segundas partes, comedias grotescas, efectos apabullantes y explosiones tremendas en las que el héroe de la película se precipita hacia la cámara corriendo delante de una llamarada. Sin embargo, el cine es el espejo en que nos hemos mirado desde hace más de un siglo. Y la vida ha encontrado en el cine no sólo una educación sexual y sentimental, sino un verdadero canon de la belleza y de lo sombrío. El cine no sólo permite vivir vidas imaginarias: induce a vivir vidas reales, inspiradas en la pantalla.
Todas las películas suelen tener misteriosas propiedades nigrománticas que no sólo nos destapan las más incómodas realidades de la familia, la colectividad o el individuo, sino que, en su máxima potencialidad, han de consolidarse como logradas paráfrasis de la cotidianidad, como metáforas dolorosas y atinadas del contexto social, y que, sobre todo, llegan a adelantarse, en el tiempo y en los hechos, al porvenir.
Francisco Enríquez Muñoz es un cazador de mitos y mitógrafos contemporáneos que ha experimentado al cine como una gran forma estética, que conoce con pasión la historia de la industria triple equis y la semiótica de los monstruos de la pantalla grande, que ha visionado y revisitado las grandes películas porno y de terror que se han generado en los últimos cien años, que sigue viendo y buscando a las más gemidoras damas y a los más feroces caballeros que aparecen, hoy en día, en cualquier cartelera del mundo.
Lo que consideramos «natural» en hombres y mujeres, los límites que dividen lo normal de lo desviado, lo que opinamos de la búsqueda del orgasmo y de la transgresión de las normas sociales, son cuestiones sobre las que nuestras actitudes, aunque en constante cambio, resultan del cine porno y del cine de terror.
Sí, la influencia del cine porno y del cine de terror resulta extraordinaria. Esos dos géneros se han encargado de dictar modas, normar los sueños y las pesadillas del planeta entero, y servir como prodigiosos arietes contra la censura.
Entre la fascinación y la crítica, entre el homenaje y el humor negro, este libro invita a descubrir los secretos y los vínculos del arte, del cine y de la pornografía. A través de este libro podemos observar los puntos importantes del arte, del cine y de la pornografía y cómo éstos reflejan las circunstancias del momento en el que son creados. Es entonces este libro una gran aportación para los jóvenes en general y, en particular, para los interesados en el universo pop, y en las ramas de la comunicación y de la sociología, de la filosofía y de la psicología.
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