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493 results found for tag:"mis poemas".
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EL DIA DE LA VERDAD
03/07/2011
Me quedé petrificada de cara a la pared, haciéndome la dormida. Desde el living me llegaban tenues sonidos, ruidos de papel y cuchicheos. Mis reyes habían llegado y yo, con apenas 4 ó 5 años, no me atrevía a mover un dedo por miedo a romper el hechizo de ese instante. Hacía tiempo que con mis dos hermanitas menores habíamos planeado quedarnos despiertas durante la noche de víspera de reyes para sorprender a los Magos in fraganti, pero ellas se durmieron y yo medio dormida, aunque no los vi, fui
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BURBUJAS PELIGROSAS
01/30/2011
<http://4.bp.blogspot.com/_ssaeFZs7SXE/TQ-qvuQUaKI/AAAAAAAAArA/stSekyed87w/s1600/28A8F85D02D818A12E92BD42DA3F.jpg> La fiesta de fin de año de la empresa parece más animada éste año; dejando de lado las diferencias, todos los empleados de la firma han asistido y degustan la cena con placer. La secretaria ejecutiva ha tomado un poco de más y las hormonas le están empezando a hacer ebullición dentro del cuerpo. Como mano derecha del presidente de la empresa está sentada a su lado; al otro lado la e
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LIBERACIÓN
10/14/2011
Son las doce horas, un minuto y quince segundos. Está a punto de llegar el tren que cambiara mi vida, que me sacará de la rutina, que terminará con mis eternas noches de soledad. Nunca le había prestado atención a la hora, hasta hoy . . . que la miro con anhelo; hasta se diría, con un resignado y puro amor. Allí viene, al fin se acerca mi liberación.Así, sin más, sin pensarlo demasiado, abro mis brazos a lo desconocido y me lanzo ante él . . . octubre 2011 Con este micro participé, sin éxito, en
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ALIMENTANDO LA PASION
10/12/2011
<http://www.cuentocolectivo.com/wp-content/uploads/2011/05/aforest-300x253.jpg> La vio en una bombonería, estaba vestida muy sugestivamente. Cuando sus miradas se encontraron ella estaba probando los dulces de todos los colores que tanto le gustan; cuando vio que él la estaba mirando sonrió y lentamente comenzó a pasarse la lengua por los labios. Ese fue el detonador, el combustible que prendió la mecha; cuando quisieron ver estaban en el ascensor, que los llevaba al apartamento, prácticamente d
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Tomó una buchada de aire y se armó de valor para golpear la aldaba. Advirtió que su corazón comenzaba a latir con más frecuencia, cada vez más fuerte. Tranquilo, no te pongas nervioso –se dijo–, que esto es más miedo que otra cosa y el miedo no es nada. Sin embargo, David no lograba apaciguarse, más bien, lo contrario. La perturbación aumentaba a medida que el tiempo trascurría sin que ningún familiar abriera la puerta. De haber abierto la tía Fina un instante después, habría deshecho el camino
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"El amor salva" - Cuento de Navidad
12/25/2015
«¡Feliz Navidad! De corazón espero, querida hermana, que tus deseos se hagan realidad y que nunca dejes que el dolor y el miedo te venzan. Lucha por tus sueños. Cuidaos, Juan y tú». «Querida amiga: ¡Felices fiestas y próspero futuro plan de pensiones! Pásate por nuestro banco y contrátalo». «De parte de tu amiga Sofía, me duele no poder vernos estas Navidades, hace casi siete años que no quedamos, pero sabes que tienes una amiga para siempre y sé que en ti yo también la tengo. Has sido toda la
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"Chismes" - Cuento de Navidad
12/24/2015
tag ―¡Ay, Dios, que el viejo este ha estirado la pata! Que se ha ido al otro barrio. ―¡Calla, Eva! Mira que eres dramática. ¿Tú hueles a muerto? Yo al menos no. ―Pon la oreja otra vez, Maite. No se escucha nada, ni la tele, y los viejos están todo el día con la tele puesta, ya sabes. Tocan la aldaba, pero Ramón no abre. Y las dos vecinas frente a su puerta pasan a ser tres, y luego cuatro, y después cinco hasta que medio rellano se planta en el portal con un abanico de hipotéticos fines que po
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La vida pudo ser otra cosa, pero no lo fue. Las ciudades son confluencias de caminos y carreteras, sin embargo, solo poseo un par de pies. Ubicuidad, no tuve en el reparto de dones. Tantas calles como parejas de carótidas todavía contratadas. La variedad infinita de trayectos es abrumadora. ¿Qué me llevará hasta el final de la calle? ¿Y si hubiera tomado otra? ¿Giro a la izquierda? Debo detenerme. No puedo hacerlo. Alguien me espera. Perdí el mapa. ¿Cuánto falta para llegar a Roma? Había cerrado
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  En cada ataúd siempre se encierra más de un corazón , apuntó Irene en media cuartilla semanas atrás, cuando todavía escribir y hablar resultaban tareas triviales y corrientes, y no irrealizables, como lo eran ahora. Una enfermera trasladó en camilla a Irene, sedada y reducida a un cuerpo que a duras penas respiraba. La esperaban para realizarle diversas pruebas en la planta de abajo. La camilla se detuvo frente a la puerta de un ascensor. Lo llamó la enfermera, atenta a su smartphone y a los
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  « La esperanza no entiende de garantías. Con artimañas donjuanescas seduce, con su sensual tango de no te preocupes, ya habrá tiempo conquista, con su rotundo pasodoble de la esperanza es lo último que se pierde emboba; le pides matrimonio, le ofreces un proyecto de vida trepidante, por su amor luchas contra los bandidos de la desilusión, contra el fantasma de la desgana y contra los bandoleros de ya es hora de tirar la toalla. En tales luchas encarnizadas he combatido, pero pocas veces el es
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  La historia se repite; los que no nos repetimos somos nosotros. Hablo con conocimiento de causa, desde la experiencia, y me duele. Estoy sufriendo, sinceramente. Sufro porque quiero hablarte, y me das la espalda, con crueldad, con desprecio y, peor aún, con indiferencia. Sufro porque necesito ser escuchada, y tú prefieres taparte los oídos, mirar a otro lado, pensar en tus cosas y olvidarme. Sufro, para más inri, porque solo me quedan diez minutos en esta casa, en mi casa, en la que nací, he
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Perpendiculares a mis ojos, por las calles desfilan pelvis ocultas bajo faldas o  pantalones de distinto género, de precios variados y con diferentes grados de desgaste. Vuelvo a recorrer las aceras, sentada como en los tiempos de carricoche: a cuatro ruedas y mi padre empujando. Evoco mi infancia de verbenas, de recintos feriales y de mi espíritu embelesado ante los atractivos lumínicos. Vuelvo a la tierra: ni soy una niña, ni voy en carricoche, soy una moribunda y voy en silla de ruedas. Confi
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Las leyendas están vivas. Es el privilegio de las ideas que se cartean con la superstición y el miedo, el amante de nuestra mente adúltera, que no conoce otro placer más profundo que el de ser infiel a nuestro compromiso de ser felices. Y, ahí está la cornuda felicidad, consintiendo y persuadiéndose de que algún día el marido abandonará sus escarceos amorosos. Ahí está ella, como digo, con su cornamenta, escribiendo en sucio un diario, sin reparar, la tonta o la cobarde, en que el libro con guar
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12 DÍAS PARA MORIR. «Nada como el flujo». «Nada como el flujo. Nada como sentir cómo los rayos del sol penetran por los espacios de las persianas venecianas, de sus láminas blancas de aluminio. Sentir, palpar, experimentar el placer de dar vueltas en la cama, húmeda, y a la vez caliente de mi propio calor, de mi propia fogosidad, por haber yacido. La mañana irrumpió en mi habitación con brutalidad, pero, al mismo tiempo, rozando, acariciando lentamente, sobando mis mejillas con la delicadeza que
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  Detrás de cada final, hay un nuevo comienzo. Cierto o no, esa era mi creencia, y, siendo honesta, poco me importaba si esta colgaba o no del tendedero con la misma sujeción de una sábana tendida sin pinzas en plena ventolera. Si escurriera los trapos de la culpa, los andrajos del pasado tormentoso, llorarían lágrimas turbias, un llanto inmundo, una llorera de suciedad y mugre. Estaba dispuesta a virar respecto a mi postura díscola e inmoral, repleta de rabia, vacía de convicciones, en este ti
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  «No hay premio para los cobardes. El firmamento encapotado envuelve nuestros policromados anhelos y nuestra frustrada esperanza para arrebatarle al Aconcagua de los lamentos los sueños, secuestrados en la azotea del miedo agreste. En los retazos del tisú azul marino, templo de la sulfúrea luna en un vendaval romántico de las entrañas mías, flotan pendientes de nácar. Inevitablemente me recuesto sobre el frío mármol de la turbulenta noche a buscar el aliento de clorofila que cure mis quebranto
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«Aun muertos los hijos de putas lo siguen siendo, concluí en la sala de estar viendo la tele, con una taza de tila en las manos y con la desazón extendida por toda mi anatomía. Desde mis cabellos hasta las uñas de mis pies, abriendo frentes y brechas en cada órgano, en cada centímetro de mis tripas, en cada célula doliente. Si dijera que ya podía recordar la charla con mi hermano en la que le confesé mi inminente muerte sin emocionarme, mentiría. Mentiría como nunca han mentido. Si dijera que he
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«Lo contrario a la muerte eres tú. Que estés leyendo es síntoma de vida. Pon las manos en tu pecho, tu corazón late, ¿verdad? Entonces, vives o podrías estar viviendo ahora. Tienes la posibilidad. Decide. ¿Cuántas veces has callado para no enfadar a nadie? ¿Cuántas noches quisiste gritar de angustia y no lo hiciste? ¿Por qué no te atreves a cambiar lo que te devora cada día? ¿Cómo permites que tus sueños y tus pesadillas se te vayan de las manos? ¿Hasta cuándo dejarás que la ira y la frustración
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Las cosas no son viejas; los viejos son los ojos. Desperté. Hacía frío, demasiado para mis entrañas, poco para mi esperanza helada. Mi madre me abofeteaba con el propósito oficial de que yo superara mi desmayo. Miguel me hacía cosquillas en los pies incitando a mi sistema nervioso a responder a los estímulos. Mi padre miraba el reloj y Carlos bebía cerveza. «Uff, ¡qué dolor de cabeza, mamá! ¿Qué hora es?», mascullé para alivio de mi familia. Era medianoche y estábamos en el Parque Natural Terra
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  «Las semillas son los gérmenes de la eternidad. No pretendo ser eterna, ni siquiera ser la semilla de lo que nunca fue y nunca será. No, no busco eso y, a decir verdad, no creo que lo encuentre, porque he vivido y estoy viviendo ahora, soy consciente de mi existencia. Mi pensamiento crea el mundo; mi muerte lo destruye. Nada debo temer, pues si no existo, no pienso, y, si no pienso, el mundo no existe, ni la vida ni la muerte. Plantar un árbol entronca con esa aspiración de trascender, de ah
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