A principios del siglo XI, el Imperio Maya estaba al borde del colapso, devastado por las consecuencias de una guerra entre dos grandes ciudades: Tikal y Calakmul, cuyos enfrentamientos habían arrasado todo a su paso. En este contexto, tres grandes familias que habitaban en Chichén Itzá, Uxmal y Mayapán se unieron, formando las ciudades-estado de la conocida Liga de Mayapán, una alianza que se mantendría hasta la llegada de los europeos.
Entre estas ciudades emergió un joven gobernante que se destacó como uno de los mejores estrategas militares de todo el área del Mayab. Su creciente influencia y poder comenzaron a convertirse en una fuerza imparable, representando una amenaza para el equilibrio político de la alianza y poniendo en peligro el dominio de las otras familias gobernantes.
Decidido a mantenerse en la cúspide del poder, el joven gobernante emprendió un camino lleno de desafíos, utilizando un artilugio desconocido por la mayoría de su época: una brújula capaz de leer los designios del cielo. Este objeto misterioso se convirtió en su herramienta para manipular a una población ignorante de los verdaderos hechos, consolidando así su control.
Sin embargo, su ambición desató fuerzas inesperadas. Una mujer enigmática, un padre consumido por la venganza, un sacerdote obsesionado con el poder, y un descendiente decidido a tomar un camino distinto se cruzaron en su destino. Sus acciones desencadenaron una guerra cruenta y un enfrentamiento brutal entre los aliados de la Liga, un conflicto que, sin saberlo, se extendería hasta la llegada de los españoles.
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