El Teniente Comandante era, probablemente, el único que se tomaba en serio su trabajo en el centro de respuesta nuclear. Recién ascendido, quizás aún soñaba con los uniformes negros de la vieja URSS. Artem consideraba su destino bajo tierra una especie de castigo.
―Hay que estar atentos a todo―repitió el Teniente a su espalda, el fingió concentrarse más en la pantalla de radar―La situación en Paquistán es un jodido desastre, y si los saudíes intentan meter a su Fuerza del Escudo Peninsular, no
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