Un día más, el sonido de la llave en la cerradura provocará una calma tensa, que se resolverá con la primera palabra que él pronuncie. Si llega bien, la vida continuará sin sobresaltos. Es un padre simpático y alegre; ellos lo adoran. En cambio, si su lengua se traba en el saludo y entra cabizbajo, arrastrando la mirada turbia, cada niño, escondiendo su angustia, fingirá una tarea ineludible y se retirará para guarecerse de la tormenta que se avecina.
(pincha para ampliar) Ilustración de Inm
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