El bramido de un cuerno resonó por tres veces durante el ocaso, abajo, en el valle.
Inmediatamente las mujeres dejaron sus útiles de labranza en los campos, abandonaron los lavaderos, tan perfumados con las lilas recubriendo los muros por donde sobresalían los caños de agua, y cerraron sus puestos cuajados de todo tipo de bálsamos para, de forma apresurada, encerrarse en sus casas junto a los hombres, cansados de la dura jornada de trabajo en las murallas.
Antes, más con prisa que con ceremoni
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