El hombreprofirió un alarido seguido inmediatamente de un rugido furioso, y,desatendiendo a la explícita petición de que no agrediera al caballo, comenzó ahincarle con fuerza la rodilla en los costados. El caballo trató de defenderse,y continuamente lanzaba en su dirección bocados, queriendo atraparlo entre susdientes, pero le llevaba ventaja el señor, pues sus movimientos estabanlimitados por las bridas que lo mantenían clavado en el lugar.
Jefferson no ibaa permitir aquella violencia contra su
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