Los ojos del dragón parecieron brillar divertidos ante la cara de asombro de Ireth. Para la elfa, descubrir que un ser legendario, como el dragón que tenía ante sí, pudiera enamorarse de una humana, resultaba totalmente incomprensible. No sabía qué pensar de aquella criatura. Según las escrituras a las que tanto tiempo había dedicado, se suponían desaparecidos hacía cientos de años. Pero allí estaba Etiak, o Ethardoroth Tassardur, como realmente decía llamarse. ¿Realmente ese era un nombre propi
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